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jueves, 2 de agosto de 2012

Existes

Existes, más allá de un estadio grande que se empieza a llenar, más allá de un campo verde sin pintar y sin medidas oficiales. Eres la flor y el fruto que crecen donde mejor lo prefieren, seguramente siempre verticales y rebeldes, seguramente siempre desafiando unas cuantas leyes. 
Existes, y no necesitas de la horizontalidad del suelo o de un planeta para empezar a prodigarte. No necesitas de una anotación para que te lancen el grito de gol cuando te ven pasar. 

A pesar de que eres omnipresente, siempre te esfuerzas en realizar los viajes a provincias, siempre tienes el cuarto lleno de maletas, listas para partir contigo y con nosotros. Tal vez la omnipresencia consista en eso. Tal vez. Cuantas veces hemos apurado el viaje a otras ciudades para poder verte llegar, y en todas ellas ya nos esperabas con la sonrisa amistosa en el rostro, con la sonrisa de las personas que se alegran de vernos, que se alegran tanto como nosotros de nuestra vieja camiseta. 

Existes, en los puntos seguido y aparte que se necesitan para transformar a un hombre. En las mayúsculas y minúsculas que dan comienzo y fin a una historia de domingo. A una historia de miércoles o sábado; en fin, a una historia. 
Y es que conoces bien la historia. Conoces el adentro y afuera de cualquier cuerpo. Has respirado en ellos el oxígeno que nunca necesitaste. Es que son tantos años de ser inmortal, tantos años desde 1924. Tantos desde que la inmortalidad existe y el infinito ha sido demostrado. 
Estás en el día y la noche, que tienen cada vez más de ti, que se parecen más a ti, pues existes en cada color. Existes en cada uno de ellos, aunque siempre prefieras tu querida crema. 

Estás en las montañas que alguna vez se acercaron a las ciudades e inclusive en aquellas que lograron ingresar a la urbe en un día de fiesta, barrios enteros en los cerros te testimonian como identidad y como algo más que una religión de domingo o de fines de semana. 
Eres en ellos aquel pálpito amoroso que se transforma en el canto gigante de la tribuna, aquel canto que une los anónimos, los rostros desconocidos y les da una dirección en la vida, les da un domicilio y un predio donde puedan tributar, donde puedan tributarte a gusto. 
Transformas así la ciudad hostil en nuestro hogar. Nos esperas cada mañana en la carpeta del colegio, en donde alguna promoción anterior escribió tu nombre. Quedas grabada en cada calle, gracias a esa calcomanía que el taxista pega en el parabrisas de su auto y nos devuelves algo más de sencillo cuando el cobrador utiliza nuestra camiseta en la combi…sí, nuestra camiseta. 

Existes en las paredes limpias y en aquellas donde se pinta la juventud, en las ventanas abiertas que nos permiten avistar a tu feliz hinchada, pero sobre todo en los cimientos que nuestros padres forjaron y que hicieron grande este país. Muchas gracias por todo ello UNIVERSITARIO DE DEPORTES…muchas gracias por todo, porque lo eres todo.
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Gol de la "U"

El gol es una palabra simple y compleja. Simple de decir y complicada de escribir. Simple de escribir y tan complicada de decir. El gol en su momento más inspirado podría ser una canción. Y la es. Una canción donde nos cantan y nos cantamos. Donde se nos permite ser desorejados. Corrijo, donde se nos exige ser desorejados. 
El gol es una frase larguísima. O casi una frase larguísima hecha de una sola sílaba. Que se grita y se grita. O que simplemente se pronuncia bien. Ustedes elijan. 
Es también la palabra de mayor extensión y duración, porque cuando es pronunciada no se le conoce término. No un justo término. 

Con la celebración del gol vamos más atrás que las sociedades orales; regresamos al grito, a la caverna. El gol no es un plato que se sirva frío, sino que es todo el alimento que falta. Todo ese alimento que se engulle y se engulle crudo. Que nos regocija en su crudeza. Que nos empacha en ella porque podría ser la última vez. El gritar un tanto nos devuelve a la fealdad. A las caras largas y larguísimas. A las caras deformadas por el clamor. Y sin embargo nunca ha habido tanta belleza colectiva. Nunca un solo abrazo ha sido tan repartido y compartido. Troceado para que alcance a todos. A esto quería llegar Jesús en sus enseñanzas. El Jesús de las cavernas y de la felicidad. 

El gritar un gol es insuflar vida. Es crear en el aire uno y dos latidos. Echar a andar en el éter un músculo que le permita repetirse. Al gritar un tanto no hacemos burbujas en el aire; fabricamos espuma, rabia, locura, si quieren caos, creamos sobre todo hambre y también la saciamos. Todo Dios se ahoga para poder darnos el soplo de vida y eso es lo que todos nosotros hacemos cuando el balón cruza la línea. Creamos vida. Y nos ahogamos en el intento y su logro. 

El balón que cruza la línea derrumba imperios y hace surgir cordilleras. Nos permite echar una mirada al centro de la tierra. Nos permite ser tan pequeños para luego ser tan grandes. Nos empuja a expandirnos más deprisa que el universo. A hacemos permeables y aumentar nuestra temperatura sin una causa definida, pero si justa. 
De algún lugar conseguimos el combustible necesario para encendernos sin desaparecer. De alguna manera acabamos con todo el aire de nuestro alrededor sin morir. Y no muere nuestra llama. Con la celebración de gol gritamos en un momento y en un momento más poco falta para separarnos del cuerpo. ¿Quién sabe? Pues no sentimos nuestros pies cuando la gente se derrumba alrededor nuestro. Cuando se crean el caos y el desorden mientras la gente cae y se ve arrastrada. Una postal volteada. Un hermoso infierno. Allí entre los aullidos, el tiempo se detiene y la materia se separa. El hincha que estaba al costado de la tribuna, se levanta renglones más abajo contento, feliz. Lleno de polvo, como si fuera el primer borrón de una felicidad que ya tiende a ser más feliz, a ser absoluta. 
El gol es lo más absoluto del universo. La medida exacta. El infinito hallado. Algo de sal, en un inmenso galeón de azúcar. Es decir, una lágrima de felicidad que fluye y fluye. 

El gol es una sola sílaba que iguala y diferencia a tantas historias que se deben de contar. Allí, en la voz del hombre común, del hincha de la “U”, el gol y su celebración se expanden más deprisa que el universo.
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lunes, 21 de mayo de 2012

Malo, pésimo y peor

Del Solar ha nacido para hacer cosas increíbles como entrenador. Cosas verdaderamente difíciles de creer. Donde la mayoría de técnicos mejoran su oficio con los años, y aún otros, mejoran con solo algunos meses en el cargo, el técnico de la “U” hace su mejor esfuerzo para ir hacia el lado contrario. Aquel realiza su andar de manera distinta y única. Del Solar va hacia atrás y atrás en ese ir aprendiendo. Lo que ayer hacía mal, hoy lo hace pésimo y peor que nunca. 

Podríamos trazar un paralelo con el oficio de hacer espadas con la mano. El técnico de la “U” hace meses que no puede forjar una sola espada. O las dobla, o las rompe. 
Nadie en su sano juicio lo contrataría como técnico y nadie en su sano juicio lo mantendría en el cargo. Pero primero se le contrata por obra del peor presidente que hemos tenido en la “U” y luego se le mantiene en el cargo a pesar de sus desastrosas campañas. 
Y aquí viene la injusticia del caso, pues Del Solar como técnico vale poco (por no decir nada), pero su indemnización por despido vale demasiado. Del Solar es un billete de Inti con una coraza hecha de un doblón. Para llegar verdaderamente a él y apartarlo, hay que gastar el dinero con que no se cuenta en el Club. 

Por honor, Del Solar debería dar un paso al costado. Pero por “honor”, el argumenta que se queda. El mundo al revés. El mundo en que el técnico de la “U” se ve como el salvador y no como el verdugo que verdaderamente es. 
Y mientras tanto, lo que algunos hace unas fechas avizorábamos, hoy es meridianamente claro para todos. Estamos en rumbo hacia lo desconocido y nuestro técnico solo atina a tomar sol sobre la cubierta del barco que se hunde. Su calma no surge del valiente, sino del sinvergüenza que ya no le importa nada, porque acabado todo, el no se hundirá en vano con la “U”, sino que se hundirá sonriente con las muchas monedas de oro que sus bolsillos ya guardan. 

En Arequipa, Universitario de Deportes juega uno de sus peores partidos del campeonato. Tan frágil en su composición primaria, que a los quince minutos vemos el primer cambio en su andamiaje. 
Este cambio llega después del primer gol contrario. ¿Reacción rápida del técnico ante su propio error? Tal vez; pero no olvidemos que es su propio error en las formaciones, la que nos lleva a perder este partido e ir pésimo en el campeonato. 
La “U” se recupera en lo suficiente para atacarlo múltiples veces a su rival y conseguir el empate faltando muy poco para el fin de la primera mitad. Pero de nuevo la fragilidad en nuestro conjunto es aprovechada por el cuadro de Melgar, que se pone adelante en el marcador justo antes de que acabe el primer tiempo. La “U” ataca muchas veces en la primera parte y consigue un gol, el rival ataca menos y se va con el triunfo. 

La segunda mitad es lo mismo, pero diferente. El que ataca más no mete los goles que necesita, y el equipo rojinegro que ganaba cuidándose, es el que anota de vuelta. 
La quinta derrota consecutiva y la octava del campeonato. No, no se ha acabado el torneo y ya tenemos esa increíble cantidad de derrotas a cuestas. Y es que Del Solar ha nacido para hacer cosas increíbles como técnico. Y en la “U”, es eso mismo lo que intenta hacer con todas las fuerzas (debilidades) que tiene. 

La “U” por segundo año consecutivo ve el peligro que se le cierne, pero no ve el peligro con distinto capitán al mando, sino que lo observa con aquel mismo que lo llevó al desastre el año pasado. 
Es como darle el mando de vuelta al capitán del Titanic, para que nos colisione con un segundo iceberg. Del Solar es especialista en ello. En llevar a pique los barcos que le dan. Lo hizo con la Selección Peruana en las eliminatorias donde fungió de entrenador. No había baja en aquellas clasificatorias y es por eso que no nos encontramos en una Zona Dos Americana, en este presente momento. Solo por eso. 
El debate lamentablemente no se centra en las mejoras que el equipo de la “U” necesita, sino a cuándo renuncia o lo “renuncian” a Del Solar. Y todo por la terquedad y ceguera del “técnico” crema. Él es el único culpable de esta situación. Él nos ha llevado a desviarnos del verdadero objetivo de la “U”, que es luchar por un campeonato o jugarlo con decoro cuando lo primero no es posible. 
Al mantenerse en el cargo, nos ha quitado tiempo suficiente y valioso que se necesita para que el próximo entrenador se adapte al equipo que está llegando. 
La “U” es prisionero de un mediocre. No, disculpen. La “U” es prisionero de un inepto. 
Y lo peor de todo, es que el equipo joven e inexperto de la “U”, al que muchos acusan, no es el conjunto nulo en esta historia; en esta historia, el conjunto nulo es Del Solar. El cero es él. El doble cero también.
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lunes, 14 de mayo de 2012

El paso al costado

A algunos se les pide mantenerse, no cejar nunca. Y a otros se les pide la renuncia. A algunos se les pide resistir como la roca que enfrenta al océano en borrasca y a otros se les pide dar el paso al costado sin ninguna demora. Ambas acciones tan distintas en un principio, buscan preservar un bien más grande y preciado. Buscan sacrificar el momento para ganar finalmente el todo. 
Ambos actos cuando son originados por razones correctas son igual de valiosos e importantes. Los años dan la verdadera medida y valía del ser que quiso y renunció queriendo. Con aquel otro al que se le exige quedarse y consumirse con lo que queda de su existencia. 

 ¿Quiénes han renunciado? Han abdicado Reyes, Emperadores y Papas. Renuncian aquellos hombres cuya grandeza probada, no puede ser más grande que las sombras y dudas que los cubren. 
Renuncia Sila cuando gozaba de su mayor grandeza, aquejado tal vez por los primeros síntomas de su enfermedad. 
Se retira San Martín luego de la Conferencia de Guayaquil y abdica Carlos V en favor tanto de su hijo, como de su hermano. Napoleón Bonaparte, en circunstancias distintas, realiza el acto dos veces, tal vez intentando preservar parte de su herencia. Más pronto alguno y más tarde que en seguida otros, lo que los une por igual es la renuncia. 
Renuncia Guardiola cuando su legado clamaba por lo contrario y casi todos (por no decir todos) pedían que se quedara. 
Se va Bielsa de Chile no por relaciones tirantes con los jugadores o víctima de un fracaso, sino por las diferencias insalvables que se avecinan ante la nueva dirigencia electa. 
Dimite Michels del Barcelona las dos veces que ocupa el cargo, nunca aferrándose al amor de una dirigencia que en el amor se sabe tan cambiante. 
Todos ellos grandes como son, dan un paso al costado, no por cobardía, sino por grandeza. Todos ellos renuncian siguiendo el dictado subrayado de su conciencia. ¿Se repetirá eso en Ate? 

Nos hemos salteado una estación. Pues los días de Mayo son verano y sus noches comienzan a ser invierno. Y comienzan a ser invierno también, porque los resultados no llegan. Ni siquiera se sustentan en algo que sea siquiera mejora o siquiera trabajo. 
Mientras nosotros contamos con un entrenador con más de un año y medio en el cargo, al frente de nosotros existe un cuadro que presenta esta noche, nuevo técnico. Las diferencias de aquel contraste, se van notando de a pocos, a lo largo de la noche. Pero esas diferencias no nos permiten irnos triunfadores, sino todo lo contrario. 
Nosotros somos el cuadro que no parece entender el discurso del técnico, y somos nosotros el equipo que se desordena después de los primeros veinte minutos, también somos nosotros quienes recién parecemos conocer a nuestro nuevo entrenador o tal vez recién desconocemos al viejo técnico. 
En conclusión, nosotros somos el cuadro que debuta en primera con nueva guía. ¿No es así acaso? Pues eso es lo que parece. Y eso es a lo que jugamos. 

El equipo de la “U” comienza el partido con los bríos del local y es en una jugada mezcla de técnica y de suerte, la que nos pone adelante. 
Luego ocurre lo que siempre viene sucediendo en el campeonato; ya sea reacción natural producto de la inexperiencia u orden del banco, Universitario empieza a retroceder y a ceder la iniciativa al contrario. Una y otra vez, llegan los ataques del rival, hasta que uno solo de esos avances logra el empate en el marcador. 
Y es entonces, luego de este empate, que el equipo de la “U” vuelve a la carga y vuelve a mostrarse muy dominador de su contrario. ¿Qué es esto entonces? ¿Dónde se fue la inexperiencia? ¿No podemos defender un triunfo, pero si podemos ir a la carga para romper el empate? ¿A los jugadores de la “U” se les ocurre esto? ¿O todo ello viene del técnico? 

Son demasiadas las preguntas cuando son muchos los cuestionamientos. Pero hay algo muy real, el partido aunque termina igual en la primera mitad, se termina de perder allí. Nunca más, durante el resto del partido tenemos una iniciativa clara y que nos permita ponernos delante en el marcador. 
El contrario en la segunda mitad nos espera en su cancha y desde el inicio de aquella nos muestra lo que va a hacer. Pero, ¿hay reacción de nuestra banca ante la evidencia? No, uno y otro contragolpe tocan a nuestra puerta y el técnico no hace nada. Se ve venir desde lejos lo que finalmente llega y nuestro entrenador derrumbado, mucho antes que el equipo, no hace nada de significancia más que seguir tumbado. Y llega el tercero de contragolpe. Y es como si nada, en nuestro lado. 

 Entre los jugadores se canta menos y menos a la salida de los vestuarios y se ven más y más los reproches entre uno y otro en el campo. La alegría de debutar en Universitario de Deportes se ha perdido, y la garra ya no se usa como antes. Alguien se olvidó de romper el vidrio y utilizarla siquiera en caso de emergencia. Y es que olvidan muchas lecciones y enseñanzas aprendidas en el vestuario, pero no solo en el actual vestuario, sino en los de anteriores décadas. Alguien se olvida por ejemplo, de lo que fue como jugador. 
Al Del Solar entrenador le daría lo mismo tener un Chemo jugador en su equipo. Tal vez de lo nublado que está, ni lo tomaría en cuenta. Y lo más importante de todo, el Chemo jugador no se quedaría callado ante el remedo de técnico que es el Del Solar entrenador. Por eso y a pesar de todo lo que ha ocurrido, le pedimos al primero y no al segundo, que dé la cara luego de los partidos. Y al menos sea él, el que se ponga el equipo al hombro. Alguien alguna vez preguntó la diferencia entre un Chemo jugador y un Del Solar técnico. Y la respuesta fue el silencio. Porque era tan obvia la respuesta que no necesitaba ser contestada. Porque era tan grande aquella diferencia, como acostarse un día siendo “Chemo” y levantarte siendo Del Solar. 

 Tal vez la redención que necesitaba Del Solar nunca tuvo que ver con salir campeón, sino con la de renunciar con decoro. Sino el de renunciar por honor. Porque cuando se quiere a algo como se quiere a la “U”, importa poco el interés personal. 
Del Solar tiene una segunda oportunidad para demostrar su amor y esta vez no fallar en hacerlo. Tenemos seguridad que Chemo jugador no dudaría en dar un paso al costado, pero dudamos que Del Solar técnico actúe de la misma forma y consecuencia. 
Universitario de Deportes, necesita a su gente entonces, porque lo que se viene y lo que resta, va a ser la mayor prueba como hinchada desde nuestros inicios. A pesar de que el técnico no se decante por su necesaria renuncia, no abandonemos nosotros nunca. A pesar de que el técnico se decida por ser cada vez más Del Solar y cada vez menos Chemo, no dejemos nunca nosotros de ser menos hinchas. 
La “U” no necesita que la engañen o traicionen, sino que la amen a tiempo completo. La “U” necesita nuestro amor, darle menos sería engañarla y finalmente engañarnos.
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miércoles, 2 de mayo de 2012

El santo se quita la máscara

Mi enfado pueden ser tranquilamente dos enfados. Pueden tranquilamente ser como dos calles o avenidas que corren paralelas. Totalmente diferenciadas y únicas, totalmente razonadas y con suficientes razones para ser únicas y ser de nuevo avenidas, otro día distinto. 
Mi enfado pueden ser dos ríos que van uno al lado de otro, y a pesar de ir corriendo ambos tan cerca, van ambos a lugares distintos. Uno va al mar, el otro quién sabe dónde llega y termina. 

Sí, fui al estadio. Vi el partido que todos vieron. Vi como la “U” domina el encuentro no hasta el final del mismo, no hasta el final de su primera mitad, sino hasta que mete el primer gol del match. 
Un encuentro totalmente sometido por nuestra gente es luego regalado al rival. Entregada en bandeja la iniciativa, es seguro que la iniciativa cedida sea la causa por la que nos ganen el partido. 
¿Equipo joven? Sí ¿Equipo inexperto? Sí. Pero es casi seguro que esa sea la excusa fácil que ya necesita variar un poco. El año pasado tuvimos un equipo totalmente distinto y así también se jugaba. ¿Equipo joven? No. ¿Equipo inexperto? Tampoco. 

Hay una razón por la que nos ganan el partido de ayer. Y es más poderosa que la juventud e inexperiencia del equipo. Es más poderosa que aquella, porque al volver del descanso, no se cambia el libreto. Y es más probada que otras, porque se va repitiendo continuamente en la cabeza del entrenador. 
¿Existe razón por la que no se pueda ganar en provincias? ¿Existe alguna lógica en ello? No, como tampoco existe razón plena y suficiente para regalar el partido de ayer al rival. Mucho antes de la lesión de Toñito, el partido ya se había dado al enemigo. Mucho antes de la lesión de Rainer en el calentamiento, existía la posibilidad (seguridad) desde el banco de la “U” de retroceder las líneas en caso de abrir el marcador. 

La culpa de la derrota de ayer es del técnico de la “U”. Es orden expresa de él, jugar como se jugó ayer luego de nuestro gol. Es eso o no tiene don de mando. Es eso o su gente no le escucha lo que les dice en el entretiempo. Es eso o los partidos en provincia son una terrible casualidad. Es eso entonces. 
Por más razones o disculpas que se puedan llegar a tener a su favor, se hace evidente el decir, que si le entregas el balón al rival, algo malo te puede suceder. Y si el otro es más experto aún que uno, es que estás pidiendo que cosas malas te sucedan. 
Lo que el rival no tuvo hasta antes de nuestro gol, lo tuvo doble después de él. Y eso es obra de nuestro banquillo, no del contrario. 

Mi enfado, pueden ser tranquilamente dos enfados. Ser conjuntos distintos que nunca se intersecan. El transcurrir del partido y cómo acaba el mismo, son dos cosas distintas. 
Las culpas del transcurso del partido, son del entrenador y de sus jugadores. El como acaba el encuentro, es culpa de los nuestros por pisar el palito del enemigo. Digo enemigo y no rival, porque el equipo albo es eso. Enemigo. 
Un enemigo que cree que con la plata lo puede comprar todo. Y lo cree, porque lo hizo así desde un inicio. Compra su categoría entonces para ingresar al fútbol profesional. 
Un enemigo que se esconde en los vestuarios al final del campeonato del 2007, luego de ser derrotado por la “U” y apabullado por nuestra misma tribuna. Aquel que escupe ayer a Ximenes, también escupía su rabia ante cámaras en ese partido del 2007. Aquel que se daba de santo, nunca tuvo nada de santo para los que saben de fútbol. 
¿Acaso no es este el mismo equipo que esconde groseramente los balones en el Callao, en el clausura del 2008, para no seguir jugando el partido? 
¿Acaso no es este el mismo equipo que pierde extrañamente sus partidos de local ese mismo año? Dicen las malas lenguas para evitar que otro (Universitario de Deportes) llegue a estar entre los siete primeros y así pueda aquel mismo disputarle el título nacional. 
¿No es este el mismo equipo que pedía la baja de los equipos deudores y luego pateaba el tablero y se iba? ¿Y luego también volvía? ¿Es esto tener historia? ¿O tener “una historia”? ¿Es esto una mala historia para telenovela? 

La “U” pierde el partido ayer por nuestros propios errores. El rival, el enemigo, ya perdió su partido hace mucho con la historia. Tal vez su “historia”, toda ella, se resuma en el escupitajo que su jugador emblema lanza ayer.
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domingo, 22 de abril de 2012

Mucha Diferencia

La “U” vence dos a uno. Pero no vence a las justas. No triunfa debido a su buena estrella o a los errores del contrario. Si bien la diferencia termina siendo de un gol, no vence al rival por una “mínima diferencia”. Universitario de Deportes se impone claramente en el Monumental, aunque el marcador pueda engañar a los que no vinieron a ver el partido. 

La “U” gana desde el saque, a pesar de que el primer gol se dé al finalizar el primer tiempo. Triunfa, al parar un plantel joven, que lo único que va a hacer desde ahora es entenderse mejor, relacionarse mejor y jugar mejor al fútbol. 
El equipo crema que arranca, es casi el mismo conjunto que juega el clásico. Es más joven aún, pero es el mismo en la actitud de ir hacia el frente. 
A Universitario de Deportes no le van a cambiar su modo de ser, su manera de desenvolverse o su carácter forjado desde hace tanto tiempo. Los jóvenes que hoy juegan, juegan sabiendo que hay caminos trazados que los han de poner al frente del rival que huye o se esconde. 
Las letras con que los jóvenes escriben su historia no son muy claras aún, pero son letras grandes, son letras mayúsculas y van en tan correcto orden, que es imposible quitarse la sonrisa de la cara, a pesar de que fallen un pase o se excedan en un lujo. 

La “U” tuvo el balón durante el partido y también las mejores oportunidades. Atacó con ambas manos y pegó cuando debía de pegar. Ni un momento antes, ni un momento después. 
El rival se vio sorprendido en los goles, sí, pero sobre todo se vio superado en el transcurrir del partido. 
Esa primera línea de volantes de Universitario de Deportes es la que le da el soporte justo al resto del equipo. El equilibrio depende de Rainer y Toñito, y sobre ellos descansa todo el peso del resto de jugadores. Si fallaran ellos, las cosas serían terriblemente difíciles. Si estuvieran bien, como lo estuvieron hoy, las jugadas fluirían naturalmente y necesitarían solamente el talento distinto de los jugadores claves para marcar la diferencia. 

Universitario de Deportes tiene esos jugadores. Esos jugadores distintos que pueden encarar, recibir falta tras falta, y seguir persistiendo. Futbolistas que la jugada difícil la tienen resuelta en la cabeza un segundo antes que el resto de personas. Ese segundo es suficiente para ponerlos adelante, para ponerlos primeros con respecto al resto. 
Edison Flores es ese tipo de jugador. Pero sobre todo es ese tipo de jugador para la “U”. Porque aúna en uno solo, la inteligencia y el talento, pero no se ve perdido en el chiche excesivo. Porque aúna en uno solo la resolución y la valentía de llevarla a cabo. Y una vez que sabe lo que tiene que hacer, lo hace, sin correrle a las patadas. 
Hoy utiliza los pies y la cabeza, y la cabeza con los pies para darle el triunfo al equipo crema. 
Primero al final y finalmente al comienzo. A punto de terminar el primer tiempo, y al comienzo de la última parte. Resolviendo él mismo con cabeza para el primer el gol, y sirviendo al compañero con las piernas en el segundo. 

La “U” gana entonces. Con la estructura armada en sus andamios del centro y con el talento de los pintores para hacer lo que se espera de ellos. Hoy pintó Flores, mañana podría pintar Polo, y la siguiente semana Ampuero o algún otro. Y los nombres seguirían surgiendo, y tantos, como para ponernos una sonrisa en la cara, semana tras semana. 
La próxima fecha es en el Cusco y es imposible no borrarse una mueca feliz con lo que todo esperamos y prevemos de este plantel. Pisemos tierra entonces, pero también tengamos fe. ¡Y Dale “U”!
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lunes, 16 de abril de 2012

Faltó Poco

En el tiempo que me toque vivir quiero poder recordar el partido que acabo de ver. Quiero poder recordar ese ir en el auto por la avenida Arequipa. Ese bajarse a unas cuantas cuadras del Estadio Nacional, porque la aglomeración es demasiada para seguir en la pista. Pareciera que toda Lima acudiera a verte. Amigos que son compañía y enemigos que son “anti”, mucho antes que ser “pro” algo. Dejemos también que los segundos recuerden el partido y que tengan memoria de cómo lo terminaron.

En ese tiempo que me toque vivir, quiero poder sentir esa sensación que se tiene cuando te vas acercando al Nacional. Esa reacción primaria en las piernas, que dudan entre solo sostenerte o empezar a correr por su cuenta hasta las hileras de gente.
Quiero poseer esa sensación de contar con distintas tallas mientras se camina. Grande, pequeño y gigante. Las piernas parecen elásticos o fideos que se estiran y encogen porque no solo soportan todo el peso de tu cuerpo, sino también, todo el peso de tu corazón.

Todo lo antiguo cambia. Eso dicen. Pero detrás de ese maquillaje puesto al Nacional, aquel sigue conservando su alma crema. Detrás de todos esos fierros nuevos, esas tribunas siguen soportando un hogar. Un hogar donde nosotros somos los jefes y donde también llevamos el alimento a la mesa.
El clásico a diferencia de otros partidos se basa en el diálogo más que en la narración. Nadie puede contarte aquel partido con entera fidelidad, porque al hacerlo solo se separaría una pequeña parte de toda la carne que allí se cuece. Pero lo intentamos.
Son diálogos también, porque los actores en las tribunas van respondiendo y contestando al contrario, según la anterior línea propuesta por aquel.
Hay rivalidad suficiente en este partido, como para hacer que el absurdo campeonato peruano tenga sentido. Tenga todo el mejor sentido. Minimizar este enfrentamiento, es mostrarse como un perfecto ignorante del fútbol. En cualquier nivel. Porque esto es fútbol. Esto es verdadero.

Los contrarios comienzan mejor el duelo en la cancha. Mientras ellos abren el campo de juego con sus ataques, nosotros nos vamos asentando un poco mejor con el correr de los minutos.
Este día somos un motor que empieza frio. Pero que nunca se detiene. Sino que va calentando y llevando de a pocos, el peligro al arco de enfrente.
El mejor en la cancha es Rainer Torres, que multiplicado en su ir y venir, corrige errores de sus compañeros, y a los mismos camaradas, los comienza a reunir alrededor suyo.
El gol contrario los encuentra con el suficiente engranaje para devolver el golpe. Con fallas, errores y defectos a cuestas, el joven equipo de Universitario de Deportes avanza en el primer tiempo y luego, en la segunda mitad, contra la defensa desesperada que el equipo rival intenta.
Tal vez este sea el equipo más joven que la “U” alguna vez haya presentado en un clásico. Pero esa juventud valiente es la que sofoca al de enfrente en su lado del terreno.
El contrario tuvo dominio en la primera mitad, la “U” tuvo mucho más que dominio en la segunda. Al rival lo ahoga sin misericordia en su propia área.

Tener al enemigo contra las cuerdas y no poderle ganar. Tener a alguien acorralado, bien sujeto y rematado, y aún así, perder el partido. El fútbol no es como el box. Es el gol lo único que importa. Ganar por puntos no es una opción posible. No existen los jueces de fuera que te den la victoria de esa manera.
Todos ven que el rival está hecho puré y rendido, pero nadie puntúa ello. Nadie nos da puntos porque aquel esté a nuestra merced y pidiendo la hora. Nadie.
Un equipo joven de Universitario de Deportes que te permite soñar con lo querible, más que con lo posible. Le pones un techo muy alto a su juventud. Pero luego te das cuenta que el contrario es verdaderamente nada. Y entonces tienes que aguantarte esos sueños, y pedir trabajo al entrenador, y más trabajo.

No podemos quedarnos con la anécdota del penal no cobrado a Ximenes. Y los “offsides” en contra nuestra, que sí se cobran. Tenemos que ir más allá. Debemos ganar estos partidos a pesar del arbitraje, porque muchas veces lo hemos hecho así. Entonces si se ha hecho antes, es posible lograrlo de nuevo y realizarlo siempre.
La guerra no termina con esto. Esto ha sido una batalla nomás. Ya vendrá el match de vuelta, y el equipo habrá cuajado lo suficiente para que aquel partido a venir sea verdaderamente una revancha.
¡Qué pongan al mismo juez de línea en occidente! y ¡Qué intente robarnos otro penal!
Igual, con todo y su juez asistente, los guerreamos en la vuelta.


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lunes, 2 de abril de 2012

Mucho más que seguidores

Un equipo que es acompañado por tanta gente no puede contar con una sola historia. No puede tener una sola manera de contar aquella. Un equipo que se levanta, aunque siempre haya estado de pie. Que avanza, aunque no sume siempre en la tabla. Y que está siempre, aunque no tenga las mismas caras y hombres en sus filas, no puede ser simple de explicar. Y sin embargo, lo explicamos. Lo decimos todo cuando sonreímos al verlo salir a la cancha. En una fracción pequeñísima de tiempo lo hemos narrado todo para nosotros. Como si aquella sonrisa, es decir, nuestra sonrisa; la tuya, la de aquel y la mía fueran iguales, significaran lo mismo. Alguien diría al vernos, al ver esta hinchada, que somos tantos ruidos distintos y una sola hermosa melodía.

La “U” es siempre grande, pero creo que se ve mejor cuando los seguidores se convierten en compañía. Cuando la hinchada, va lado a lado con el equipo.
Tres tribunas, pero miles de espectadores, miles de lados distintos por donde se le puede hacer compañía a un Club. No solamente seguirlo de lejos, sino estar a su lado. Ser su mejor pata el fin de semana.
Hoy la hinchada da la cara. Acude. El amor es el comienzo del boleto, o donde dice Universitario de Deportes, el amor es eso. Nada tiene que ver el rival en ello. Nada tiene que ver la “grandeza” o vileza del contrario. Allí donde dice la “U”, allí también dice amor. Allí existe la explicación de una sonrisa y el porqué se puede decir por ejemplo: “Te Amo la “U” y estoy aquí, porque solo tengo una vida para demostrarlo”.
¿Es por eso que estamos en la cancha? No, es más todavía que aquello. Cada segundo que pasa vamos sumando una necesidad más grande, un deseo más compacto de estar exactamente aquí, en este lugar, acompañando a nuestro Club.

La “U” es once y muchos más. La “U” es una voz. La “U” es una masa inmensa con un solo fin. Llevar ese balón que se encuentra en el centro hacia las redes del contrario. Es por eso del aliento en las tres tribunas y el soplido hacia un solo lado del campo.
Las ilusiones, las mejores ilusiones de los más pequeños vuelan en este ambiente generado por una hinchada entregada a su equipo. El canto de la barra va así y el primer tanto del equipo también va así. La felicidad es más feliz, relatando esto.
Desde el mismo centro del campo saca el contrario luego del gol de Universitario. Desde allí se busca volver a llevar el balón hacia el arco rival.

Hoy llevamos a la cancha números que significan guerra. Que significan no rendirse nunca. Hoy llevamos cifras que se enfrentan a las restas y terminarán dando siempre positivo. Hoy sumamos a ese número en la tabla, miles de cabezas, ejércitos.
La “U” se defiende entonces, la “U” lucha contra los contrarios de hoy y contra los dirigentes, que son más contrarios aún. No nos preocupamos, a los primeros les vamos a ganar casi siempre, y a los segundos, los vamos a golear. La gente se está dando cuenta del poder que tiene y de los cambios que se necesitan para reflotar a la institución.

Universitario de Deportes suma tres puntos porque no es posible perder con tal ejército respaldando sus acciones. Ximenes añade el primer tanto casi sin guiar la pelota. Solo basta empujarla un poco para desenrollar la cadena, hacer andar el tren sobre los rieles.
Luego del empate de Cobresol, la segunda estación parece lejos, pero la gente se dirige a ella con sus cantos y hacia allá dirige al equipo.
Importa mucho, lo mal que se juega la primera parte; pero lo importa todo, la buena actitud que tiene el equipo en la segunda mitad.
Tal vez porque un equipo joven como este, solo puede mejorar en su futuro. Tal vez porque un equipo sin tantas apariciones en primera, debe tener verdaderas presencias de primera, es que la “U” mejora en la segunda parte.

El segundo tiempo es diferente, pero empieza casi igual que lo último visto. La “U” lo suficientemente generosa para pecar también de desordenada, y lo suficientemente desordenada en su eterno mirar hacia adelante, para también hacer buenas migas con su gente.
Las oportunidades empiezan a ser tan continuas, que antes del segundo gol, la gente ya sabe a dónde va ir ese balón de Calcaterra; los rivales alrededor de él también conocen donde irá a clavarse la pelota del crema. El mismo Goyo Bernales dice “gol” antes de que lo patee el argentino, tal vez recordando su tanto a los cagones, el año ‘99.

Universitario de Deportes utiliza la sorpresa y el contragolpe de Polo para ampliar la diferencia en el marcador. Tanta es aquella, que el penal en contra, no significa mucho más que una anécdota.
La “U” gana el partido con dificultades y con un plantel que necesita creer lo suficiente en sí para poder mejorar. Hoy casi treinta mil personas demostraron cuanto lo quieren al Club. Ya creen en él y lo aman desde hace mucho. Son seguidores de aquel desde hace mucho también. Hoy, ya sin los nefastos dirigentes, los seguidores necesitan convertirse en acompañantes, en compañía celosa de su institución. Lado a lado con ella.
La “U” no merece menos que verdaderas multitudes en sus partidos. No merece menos que el amor de su hinchada. Y no merece menos que gente que se sienta igual a ella.
Universitario de Deportes no necesita más seguidores; lo que necesita, es una hinchada que sea compañía de ella, que esté a su lado siempre, durante todo el camino. La “U” te necesita a ti que me lees. El fin de semana jugamos en el Callao. Dale, ¿Y vamos? ¡Y vamos carajo! ¡Y dale “U”!


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domingo, 11 de marzo de 2012

Cantares de gesta en el Nacional

La tonada con que se le canta a la “U”, tendría que ser la misma de siempre. Y en el Nacional llega a ser la misma de siempre. Igual tal vez, a la de casi un milenio atrás. La misma que cantaron los primeros juglares y que entonó también el juglar original.
La misma tonada con la que se cantó la primera gesta importante. Porque casi siempre el canto de la hinchada es el presagio de lo que ya se sabe o se sospecha. Casi siempre es lo que ha de ocurrir en escena. Lo que el jugador de la “U” ha de representar en el escenario. Y la hinchada realiza estos presagios sin notarlos aún. Allí radica la pureza de su acto.

La hinchada de la “U” le canta a una tradición que prorrumpe en sus venas. Cuando el bombo manda el “Vamos cremas vamos”, es porque han visto el acto heroico repetirse en el futuro. Más que un deseo, entonan como hados lo que ha de suceder.
El hincha de la “U” entona todos los fines de semana cantares de gesta. Sus gestas.
Los de al frente, solo se dignan a creerse más que nosotros, y a gritar sus oles cuando falta tanto para que todo acabe. Berrean cuando solo les separa un gol. Berrean ingenuos el ole como las ovejas que son:

¡Oleeee! ¡Beeeee! ¡Beeee!

La “U” es distinta. Su gente es distinta. Su hinchada se dedica a cantar y a cantar, siguiendo la tradición heredada tantos años atrás. Llaman a aquello que vendrá y aparecerá. Invocan a aquello a lo que le podrás llamar como te dé la gana.
Porque ya sabes, a partir de ahora puedes llamarlo como te dé la gana. Porque sucede. Simplemente sucede. No falta. No escasea. Y encima, tiende a repetirse en el tiempo. Sí, se repite. Se repite como si nada. La garra se repite.

Puede ser que el ponerse esta camiseta tenga que ver con ello. Esa camiseta crema y no otra. Aquella camiseta permite que las cosas sucedan. Que las reacciones se den. Que esa variable que suma, sume de nuevo. Una magnitud a la cual tenemos que reunir de alguna forma. Explicarla de alguna forma. Traducirla en ese sudor que no seca, pero que ya va quemando. Como si fuera combustible. ¡Y qué combustible! Tal vez el suficiente de aquel para echar a andar un país. Tu país.

El viejo en la tribuna de oriente lo sabe así. Sí, ese viejo señor que está ya hecho un músculo agarrotado, que no se deshincha. Que no sabe deshincharse y solo sabe ser hincha. Más hincha. Y grita. Y canta. Enfurecido, pero canta.
Como si su voz proviniera desde el fondo del lecho de un río costeño en verano. Con las piedras sonando y chocando, haciéndose añicos. Esa es su voz en el canto. Enfurecida. Pura. Rompiendo el cerco de miradas de gente sorprendida a su alrededor. Y pasando al otro lado. Caminado un trecho lunar y volviendo de allí. Y canta. Sobre todo canta. No sabe bien la canción, pero necesita cantarla. Hoy necesita cantarla. Porque el alma se le sale por la boca. Y ya es demasiada la humanidad que tiene encima. Lo siguiente sería llorar ante tanta humanidad. Ante el ejemplo del viejo, que canta a su equipo, a su Club. A ese gran amor que le tiene. Y que va chocando entre tanta gente.

Y entonces que llega el gol del empate. Un ir encima del rival. Un no dejarse vencer. Un pase de Rainer Torres hacia el recién ingresado y debutante Chirinos. Y Chirinos que se saca a su marcador y de media vuelta vence el arco contrario.
¿El viejo dónde está? Y el viejo de tribuna oriente que ya no está. Ahora estamos todos nosotros gritando, abrazando, insultando y alabando nuestra suerte. Sacando tanta humanidad encima.
Y el viejo que ya no está allí. Que se ha bajado por las gradas gritando. Gritando. Amando a la “U” y teniendo solo una vida para demostrarlo. Una vida. Y aprovechándola. Aprovechándola con todo. Estrujando su camiseta y llorando como un niño por lo que acaba de ver. Por lo que hemos visto todos. Por esta garra que se niega a ir. A pesar de todo. A pesar de los dirigentes. Cerrando los ojos y viéndolo todo. Todo. Y cantando también. He aquí entonces, el dueño de su mundo. He aquí, un hincha de la “U”.


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lunes, 26 de diciembre de 2011

Un buen romano

Cuando el capitán toma la pelota y arenga a sus compañeros, se hace responsable de sus actos devenidos y por devenir. Se hace responsable de él mismo y de todo el equipo.
Da un paso adelante para entrar a la cancha y da varios pasos al frente en su evolución. En el Monumental, Galván es mejor que cualquier guerrero. Allí en medio de amigos y enemigos, forma parte de un conjunto, cohesiona un plantel.
En el campo de Matute y en el mismo Monumental, el negro ya no es solo guerrero, es soldado. En los estadios donde se producen batallas ceremoniales y batallas verdaderas, Galván es romano. Un buen romano.
Al capitán de la “U” no le basta batirse en tierra con el contrario. También lo hace en el aire, para que Dios sea el verdadero juez de su esfuerzo y empeño. Gana la “U” gracias a actos generosos y desinteresados de sus jugadores. Gana, porque a pesar de la nariz rota y el espolón destrozado, el soldado vuelve a la grama con el primer hervor de su frente.
Un partido caliente necesita fiebre de galeras. Fiebre de hombres que sean libres, pero esclavos de su más primaria voluntad. La voluntad no solo es poderse parar, también es dar el paso hacia al frente e ir si cabe la redundancia, más al frente que el resto.

Luego del final de la liguilla, la “U” necesitaba recomponer sus filas. Hacerlas más impenetrables al enemigo. Ser como un bosque de noche. Pero no como cualquier bosque y no como cualquier noche. Para aquello debía recuperar a su capitán por completo, luego de su lesión.
“Heridas de guerra”, decía Galván, y era verdad; Universitario de Deportes estaba en guerra, porque una campaña de fútbol es eso, guerra.
La recuperación se dio en el campo verde de juego. Reyes cojos y mancos se han podido redimir en un campo de batalla y lograr el triunfo que la sociedad no les permitía en las ciudades. Así siempre ha sido en la historia. La historia que se ve y que driblea, es la misma historia chueca y torpe de los libros. Hombres que caminan el mundo tropezándose, son los mejores corredores sin darse cuenta. Eso te lo puede decir cualquiera y eso te lo podía decir Garrincha en su momento, claro, si le daba la quimba y la gana de hacerlo.
No solo bastan el esfuerzo y el corazón para mantenerte en el camino. Se necesita tener también una buena cabeza para obtener el triunfo. Un triunfo conseguido muchas veces sobre el talento. Galván que tiene experiencia de batallas puede testificar con sus heridas, que vencer a un hombre continente de cabeza y voluntad, por más hombre simple que sea, no es fácil siquiera para un Dios.

El Negro se recupera de su lesión con el único fin de enfrentar los dos clásicos. En el último de aquellos se vuelve a herir, esta vez en el rostro. No interrumpe su camino, más bien se apura en volver a aquel, en ingresar otra vez y en intentar cabecear de vuelta el balón.
Carlos Galván regresa con su defensa, no la piensa abandonar. No cuando falta tan poco. Y no cuando los soldados vuelven para vencer al contrario.
La defensa de la “U” espera en orden los ataques esporádicos del enemigo. Aquellos esfuerzos del rival que son desbaratados gracias a la voluntad de hombres reunidos para luchar por un más alto fin. El fin de los cremas consiste en nunca traicionar su historia y origen, no si el origen prueba ser bueno y es bueno y no si su historia merece ser repetida y enmarcada.
La “U” gana el campeonato gracias a soldados como Galván. El Negro es un soldado, identificado con todos sus compañeros, identificado con todos ellos y por ende mejor que cualquier guerrero. En el campo de batalla, Galván es soldado de la legión. Un ciudadano romano. Un buen romano.


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El paradero final

Hay muchas rutas de micros y combis que cruzan la ciudad. Líneas piratas y líneas que existen solo en el papel. Cooperativas que se unen por el bien común y cooperativas que cooperan con el bolsillo de unos cuantos.
La ruta “S” cruza varios distritos de la capital. Une Lima y el Callao. O confirma en todo caso lo que el tiempo ya unió y casó. Esta línea viene desde lejos y va hacia allende. Su última (o primera) parada queda a solo unos cuadras del Monumental. A diferencia de otros paraderos finales, la soledad no siempre acompaña sus días. Cada dos fines de semana el paradero espera la llegada de personas que siempre vuelven y de otra tanta gente que de harto preguntar, también llegan.
Muchedumbre de puntos lejanos entre sí, coincide aquí. Concurren al micro sin decirse nada, sin verse siquiera. A veces cuando el cobrador es hincha crema pregunta por el equipo y a veces cuando no lo es, también lo hace. La gente necesita noticias, noticias hasta de un extraño o de un enemigo. Así rompen la rutina. La rutina que aumenta su apuesta en la siguiente vuelta y que aun con gran riesgo, siempre arriesga en contra nuestra.

La combi de la ruta “S” viene casi llena. El casi es porque las leyes físicas se pueden acomodar un poco más y mejor. Se pueden acomodar para traer con ellos una copa de vuelta por ejemplo.
Pocas veces un paradero final es tan masivo en un 13 de diciembre o en cualquier fecha. Todos bajan aquí. El cobrador no pregunta más por la “U”, este también es su último paradero. Su última vuelta en la ruta y el inicio de otra de ellas en la cancha.
La hinchada empuja hacia al estadio y entra. El cobrador sonríe y dice que si no fuera por los cagones, que aflojaron a último minuto, el estadio estaría lleno. Y tiene razón. Y es que el “cobra” sabe que las leyes físicas siempre pueden acomodar más y mejor, pero el sentimiento solo tiene espacio dentro de la carne. Afuera de ella, no se puede acomodar más, ni mejor. Es imposible. O estás, o abandonas. Al final de la historia quedan las personas y se descartan los personajes. Al final y en la final también.

La ruta de Universitario de Deportes es algo más que una aparición en el campo de juego. Todo el circuito y rutas alternas. Es la oración que dura lo suficiente para ser historia y no cuento. Más de veinte apellidos guardan sus fronteras. Titulares, suplentes y jugadores en reserva salen al campo de juego y forman una línea sobre la pizarra verde del Monumental.
Alineados conjugan una oración de lectura obligatoria para el rival. Una declaración de principios. Mientras su contrincante forma con once, ellos conforman algo mayor a ese número. Y es que todos los ejércitos empiezan con algo mejor que el once. Con la alineación verdaderamente alineada para recibir los saludos. Ellos forman esa línea buscando cerrar el trato. Juegan hoy para que su mundo acabe completo al final del día. Un gesto de extrema fuerza sobre el contrario necesitado de una sola suerte.
La “U” sale al gramado con todo el equipo porque viene a tomar algo que es suyo y eso solo se puede lograr con el grupo completo, con su parte completa (hinchas incluidos). Universitario de Deportes desocupa todos los asientos de cualquier combi, microbús o en donde haya venido, y baja aquí, en este su último paradero. Nadie queda fuera. Nadie que no quiera ser campeón al menos.


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Conocerlo, es amarlo

Conocerlo, es amarlo*. Solo dos minutos y medio se requieren para convencerse de cosas como ésta en una canción. Phil Spector lo sabía muy bien.
Y conocer al Club es amarlo. Pero conocer a la “U” de verdad requiere más tiempo. Saber de sus aristas maravillosas que lo hacen tan diferente al resto requiere de más momentos que la simple duración de una canción. Sin demagogias tontas que nos pongan de cara al público.
Y conocer al Club es amarlo. El clásico lo define el equipo crema desde un inicio. Son ellos los que encarnan el mejor opuesto, el más lejano. Olvidémonos de una vez la tontería del blanco contra el negro. El rico contra el pobre. Porque no es así. Porque nunca fue así. Porque el equipo contrario, era y es un equipo de ricos, cuyas batallas futbolísticas son luchadas por otros.

Los estudiantes universitarios luchan contra los asalariados de los ricos en el campo. Y esos mismos estudiantes batallan contra la oligarquía dueña del rival en las afueras del campo de juego. “U” contra dos cosas distintas. Contra dos cosas que juran parecerse, pero no se parecen en nada.
El equipo de Universitario es en cambio la propia hechura de su gente. El club de los jugadores presidentes. Cinco de los presidentes del Club formaron las primeras escuadras de la institución. Cinco de ellos dejan todo en el campo porque luchan por algo que es suyo. Allí se inicia la garra.
Mientras que otros se enorgullecían de la habilidad como insignia, los jugadores de la “U” contaban con el amor propio de sus jugadores-presidentes que habían hecho la institución con sus mismas manos. Ellos daban todo por el equipo porque aquel representaba sus sueños plasmados. Ellos no luchan por los sueños de otros. Luchan por lo que es suyo.

Los jugadores de la “U” eran su propia institución en todos los sentidos. ¿Cómo se puede rechazar a la “U”, cuando ellos representan el espíritu más puro del amauterismo?
Y entonces esos amateurs ganan el primer clásico. Y al año siguiente conquistan su primer título nacional. ¿A quién se le ocurre no querer a la “U” cuando lees este tipo de anécdotas?
Cuando lees la historia de la “U” te topas con los sueños de sus jugadores fundadores en todas partes. No es nada difícil hacerlo, es que están allí para ser palpados. La Federación Universitaria tiene el espíritu independiente en toda su estructura. El “Hazlo Tú Mismo” que se ve muchos años después.

Cuando la “U” juega el primer clásico de definición en Matute se encuentra en calma consigo. Múltiples problemas forjan nuevos lazos que hacen el hueso que se expone al golpe más fuerte con el tiempo. Y el hueso de la “U” ha sido macerado en dificultades desde siempre.
Universitario de Deportes busca a su rival en el campo. Va hacia él y le da el primer mazazo. Lo quiebra con un gol. El contrario a pesar de su siglo de vida sigue teniendo pánico escénico. Una pena por ellos. Suponemos que si ese problema no lo has podido solucionar en tu primera centena de años, ya no lo solucionas jamás.
A los jugadores de la “U” nunca les ha supuesto nada fuera de lo común venir aquí. ¿Acaso no lo hacen todos los años?
Equilibrado el partido al final de la primera parte van al descanso y vuelven de aquel con la actitud de aguantar todo. De hacer pausa y dormir el partido hasta el final. Que se esfuercen los otros si pueden, dice Reynoso. Y no pueden. Nunca pueden.
Muy dentro de la cabeza del entrenador de la “U” se repite su conocimiento de los otros. Ha jugado con ellos y conoce de memoria de lo que adolecen. Universitario de Deportes gana el primer clásico.

Y conocer al Club es quererlo. Así alguna vez se lo dije a una amistad que pese a no gustar del fútbol quería descifrar lo que generaba está pasión.
Ir a NORTE en Matute es conocer a nuestro Club. Es tomarlo con ambas manos y abrazarlo como si fuera un eterno gol.
Y es que un clásico en Matute genera para el hincha de la “U” ese orgullo de nosotros contra el resto. El contra todo y contra todos de Cappa. La primera persona en plural contra el resto del mundo.
El que es hincha crema sabe que camino al muladar habrá guerreo, lacrimógenas, “rochabuses”, policía montada, perros policías y policías perros en contra nuestra. Y aún así avanzamos.
El que ha venido aquí varias veces, sabe que hay una fila (a veces dos) para entrar a NORTE, sabe que las puertas las abrirán tarde solo para joder, y sabe de memoria que todo lo anterior descrito se repetirá a la salida. El hincha de la “U” ama todo ello. El hincha de la “U” disfruta que le pongan parlantes en su contra cuando a los rivales les falta el aliento en su propio estadio. El hincha de la “U” se enorgullece que le quiten espacio a su tribuna porque el rival nunca pudo con su canto y aún así la Norte se da maña para cantar más fuerte y mejor que ellos siempre.
Y es que venir a Matute es también conocer al propio Club en guerra. Y conocer al Club es amarlo. Y cuando se ama algo se habla de él siempre. Y toma más de dos minutos y medio. Y se habla más fuerte. Si quieres se canta y si quieres te repites de nuevo y de nuevo…conocer al Club, es amarlo.


*Canción de los Teddy Bears.


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El vuelo

Fernández camina hacia los tres palos de Matute y piensa que un arco de fútbol no es como los demás arcos. Que al fin de cuentas ese travesaño y dos horizontales hacen un marco y no un semicírculo. Que si se diera un marco como éste debajo de una estructura respetable aquella terminaría por ceder ante su propio peso. Que tal vez ese marco debiera necesitar siempre a un hombre debajo de él, dispuesto a cuidar de él, a reparar sus grietas, a seguir guardando sus medidas en relación de tres a uno. A pintar los palos de blanco también. Todo eso piensa Fernández cuando se pone debajo del simple marco que pareciera el costado de una casa por hacer, de una casa humilde a la que le falta la banderita peruana. De una casa que dice: ¡No nos vamos!

Fernández vuela entonces, porque la casa se la quieren bajar a pelotazos y es allí en plena estirada, que alcanza un balón y una pregunta que se le escapaba. ¿Qué es más importante a la hora de defender un arco?, ¿la matemática o la física?
Esas preguntas surgen cuando tienes el tiempo suficiente de volar y aterrizar sin daño. Fernández se mantiene tantos segundos en el aire que pareciera su propio piloto esperando la confirmación de alguien desde tierra. ¡Aterriza ya!, le dicen.
Y es en Matute donde pareciera levantarse siempre para defender su pequeño pedazo de tierra. Un piloto de la RAF volando sobre la isla verde. Con radar y todo. No necesita abrir los ojos, pero los abre. Otro ataque ha quedado conjurado. El cero se mantiene en su arco, que a fuerza de sus buenas actuaciones pareciera conmoverse y arquear un poco el travesaño. Como si fuera una ceja; una ceja justo antes de llorar o de sonreír.

El arquero cambia de lado sin cambiar de equipo. Fernández se dirige donde debería estar el enemigo, pero no encuentra a nadie y entonces retorna al aire nuevamente para despejar aquel balón que ya casi era alimento. Que ya había sido masticado, pero aún no fungía como comida. El hincha contrario se cebaba mostrando las costillas otra vez. Puro hueso y nada de tomar su sitio en la mesa. Fernández no se inmutaba ante los rivales que le hacían gestos con manos y rostros. No había sonidos. Casi, casi cantaban uno y otro gol perdido.
Pero, ¿acaso un casi no es lo mismo que un vice?, ¿no son lo mismo? Vicecampeón le llaman ahora. Triste.
De lejos, un jugador contrario parecía decirle que en cualquier momento se le oscurecía el cielo y tendría que dejar de volar. Una, dos nubes y ya no volaría más. El arquero sonreía tranquilo. Es cosa común ver a los porteros sonreír cuando los turistas lo interrumpen con una que otra impertinencia temeraria. Así tratan de distraer al cuidador que resguarda el arco famoso para tomarse una foto más. Los delanteros rivales son turistas para el arquero crema. Posando una y otra vez en las portadas de los diarios, pero solo para quedarse un rato bajo el arco de Tito y no bajo el arco de Raúl. Ambos son arcos del triunfo si somos repetitivos. Y solo uno, arco de campeonato, si somos rigurosos.

El fútbol es un juego maravilloso, lleno de verdades y contradicciones. El arco que no es semicircular y que haría fracasar cualquier estructura importante, es el más conocido de todos los arcos.
El campo de juego dividido en dos partes y en dos mitades de tiempo. Un enemigo defendiendo dos ciudades distintas sin cambiar de bando. Si hay fichas negras y blancas en el ajedrez, el jugador de fútbol sería plomo y lleno de distintos tonos de plomo. Una pieza llena de contradicción. Tal como el mundo real.
El juego del fútbol es maravilloso porque permite a diez viajeros, a diez nómades depender del hombre que se queda, del sedentario y agricultor que levanta su casa junto al área de cultivo para vivir. Es así que mientras observamos pasar e irse a muchos jugadores buenos en otros puestos, también observamos al portero quedarse un poco más, intentar ser más fiel y durar mejor en el equipo que lo acoge.
Como en la vida, el público está a favor de aquel que arriesga más y termina la carrera antes; pero no vemos mucho a ese que nos guarda las espaldas e intenta quedarse hasta su primera vejez en nuestra casa, ese que ya no espera siquiera que volvamos, sino que solo volteemos a mirarlo un rato. Solo un rato.
Fernández es joven, pero podría ser tu padre. Podría serlo, porque ese puesto es de gente adulta, de gente responsable, de gente que podría ir a la cárcel todos los fines de semana por ti y que terminan yendo para allá. Ese puesto es de gente que necesita parte del reconocimiento que se llevan los demás jugadores. Los aplausos en la cancha de Matute fueron un buen comienzo para Raúl y todos los demás arqueros, y un buen reconocimiento para todos nosotros como hinchada.


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El quipu

En los años de escasez de la antigua URSS (que los fueron todos), la gente de Moscú se reunía en las veredas de la ciudad sin ningún aviso de por medio. Bastaba con que una sola persona se estacionara a la entrada del almacén para que de a pocos cientos de moscovitas la siguieran. Muchas veces las babushkas que eran mayoría en esas largas colas ignoraban por completo lo que se expendía en los almacenes. Muchas veces, aquellas se quedaban en la fila a pesar de saber que lo ofertado no les era necesario. La escasez en la antigua URSS era tan grande que aún lo innecesario se convertía en artículo de valor. De un valor inmenso si conocías las reglas del juego y jugabas en él.

La cola en separadora industrial sabía ser enorme. Tal vez inmensa. Una fila que permitía llegar a un país mejor. No por medio de subirse a un avión e irse, sino de seguir, de seguir a estos cientos y miles delante de ti. La cola en este caso era el medio de transporte hacia la felicidad. Lima por fin tenía su metro, por fin inauguraba sin coimas su tren eléctrico. Los hinchas a diferencia de las matronas rusas conocían lo que se les ofrecía en esta cola. Sabían que aquí tenían todos los productos de pan llevar en un mismo sitio; nada de caminar a la siguiente fila, nada de preguntar que se podía comprar.
En la cola de entrada sabían que al entrar al estadio se alimentarían por meses como la gigantesca boa que en conjunto ya eran. Esa hilera nunca se permitiría ser menos que una procesión caminando en fila india, siempre yendo hacia adelante, siempre lista a dar el siguiente paso.

Para la una de la tarde, la cola parecía ya una cuerda trenzada. Una cuerda con miles de nudos que cual quipu gigante intentaba plasmar un número. El número con que los Incas concebían el infinito y tal vez a Dios. El número con que se le gana siempre al rival.
La enorme cola como un quipu antiguo era imposible de ser comprendida con exactitud. La siguiente cabeza negra o canosa, o inclusive calva, representaría un momento en el número que no debía ser entendido como la primera cifra; la persona es una sola pero transmite números que podrían ser miles. Miles de cabezas trenzadas lo suficiente para unir el sentimiento al entendimiento más frío. Miles de nudos urdidos sin necesidad de debilitar y romper el resto de la cuerda. La gente avanzaba con todos sus nudos y la cuerda no cedía, ni se rompía. El estadio estaba más cerca.

Una sola cola hasta prolongación Javier Prado, y de allí en más, una división para Oriente y Norte. Así llegaban las noticias de adelante, noticias demasiado frescas y casi al instante, como conducidas por alambres de cobre.
Desde atrás arribaba el bullicio descontrolado de una hinchada fervorosa. El bullicio del cascabel de una serpiente que se escucha y al comienzo no se puede ver. Pero luego se ve. Y se ve bien. El ómnibus de la “U” llegando de atrás, de muy atrás, de cientos de metros atrás acompañado por un mar de gente sorprendida y conmovida. La preocupación de antes, disipada como los bichos que se deben matar a dos manos, la preocupación espantada mientras se aplaude y se convierte en felicidad repentina.
Hay noticias también de allá arriba, del espacio exterior. La muralla china no se puede ver desde nuestra Luna. Es un mito. Pero lo que se siente en su lugar, lo siente cualquiera que observe desde fuera el meridión y Ate para ser más precisos. No es mito ese sentimiento, es la “U” que avanza entre aguas…entre su gente.
Y esa misma noticia llega demasiado pronto al estadio. Llega como conducida por el cobre, conducida tal vez por una bendita raza de cobre, conductora de su pasión dos veces, conductora de su electricidad y de su garra. Al fin de cuentas, La “U” es la luz de su gente.

Corrección: La “U” es el fuego de su gente y el infierno para los contrarios…siempre.


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Los boletos falsos

Las cercanías del estadio permanecen de pie como si estuvieran formando una barrera que se abrirá para permitir el disparo rival. Una barrera de cinco jugadores en lugar de una pared o un muro. Y el disparo pasa hasta tocar las redes. El barrio respira fútbol. Es lo que le hace vivir y también morir. Es tanto así. Tanto lo destruido como lo construido en las barreras que se levantan. Es tanto el espasmo en espera del siguiente golpe como la tranquilidad luego del combate. Aún se pelea en Matute, aún se lucha en todo el Perú.
El barrio bulle de vida desde temprano. Bulle de una vida que es transferida desde otros distritos. Transferida a la mala y sin tal vez haberla pedido, tal como las transfusiones en los hospitales del Estado. Vive hoy para morir mañana. Los revendedores llegan antes o se hacen notar antes que los demás. Ofrecen con descaro su mercancía. No sonríen. El peruano desconfía del vendedor feliz. Reniega con él. Un hombre acaba de abrir su mano con algunos billetes y antes de entregar el dinero por el boleto, mira al “reveca” una vez más…no sonrías…no sonrías que aquí no hay foto, solo los taimados zorros sonríen, no seas uno de ellos, aunque lo seas.

Las casas en las cercanías reciben a los recién llegados con la mueca disconforme de los que han vivido esto antes. Los reciben con el fastidio de saber que los revendedores y vendedores son solo la primera tribu de todos los clanes futboleros que llegarán hoy a sus esquinas. Simpatizantes, hinchas, barristas, pandilleros y delincuentes. Lo mejor y lo peor. El fútbol no hace distingos. La policía también llega luego. Como iba diciendo, lo mejor y lo peor.

Los inquilinos y dueños de las casas desde ventanas y azoteas mascan la impotencia de ver todo su barrio convertido en paso de ejércitos que no son el suyo. De ver una guerra que no es la suya. Claro que son hinchas, pero hasta allí nomás. Nunca desearon vivir en la Luna y mostrarse en paisajes lunares; nunca buscaron que sus casas fueran destruidas por el proyectil lanzado desde la calle, por el graffiti y la mano de pintura que nadie quiso. Apellidos enteros y muchas historias que contar lucen esas paredes, pero todas ellas imposibles de ser leídas por los garabatos que las cubren.

Ninguno de los vecinos se esfuerza en limpiar las calles llenas de polvo y restos. Ni uno solo echa el balde y saca la escoba vieja para barrer. Es inútil hacerlo con tanta manada y jauría suelta en los alrededores. Las estampidas y la calma pueden llegar en cualquier momento y pueden irse en el siguiente instante. Ocurre así cuando el control de una masa se hace con la irresponsabilidad de la benemérita.
Nadie respeta a la policía y ella no respeta a nadie. Todos los que están aquí, en los alrededores del estadio, odian al verde. Incluso cuando sonríen, inspiran el odio de la persona común, de los dueños de las casas y de los demás vecinos. Y ellos continúan en aquello, como si con ellos no fuera. Como si trataran de venderte algo que no deseas comprar.
A la policía se le respeta. Y eso es solo una mentira en la sonrisa del revendedor de verde. Y aquí nadie les dice que no sonrían. Aquí nadie les da recomendaciones. Porque aquí nadie los respeta, ni les compra esos boletos falsos.


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viernes, 23 de diciembre de 2011

La previa

Una anotación para mi persona…nunca planees una previa. Nunca planees una previa con casi una semana de anticipación. Nunca, nunca lo hagas bajo los efectos del alcohol. No en medio de una celebración, no luego de haber ganado al clásico rival. De haber ido a su casa y haberse hecho con sus botellas ya separadas.
Nunca prometas en medio de una copa que se llena y una copa que ganarás, lo que has de hacer antes del partido. A veces es tanta la felicidad que la espuma actúa más generosa que la neblina de Lima y hace ver las hazañas más grandes de lo que son. Y es por eso que cuando el sábado llega, no cuentas con casa donde tomar, botellas que abrir o amigos a quien putear o agradecer. Ningún amigo que desde el martes confirmaba la asistencia y persistencia de su estancia en el evento, se presenta. Fracaso total…vámonos a chupar, pero ya no se puede, que mañana es el partido.
El sábado se diluye entonces oliendo a alcohol, sabiendo a alcohol, pero no para ti. El día más esperado de la semana se convierte en la noche más desesperada de todas. Nada ocurre a tu alrededor, ni tampoco a veinte kilómetros de distancia. No existe celebración lo suficientemente bulliciosa para despertarte de ese desgano y desear que sea domingo y te puedas desquitar en la cancha.

La previa será entonces pospuesta y deberás encontrarte en un restaurante lo suficientemente anónimo para poder recriminar con nombre propio el fracaso del día anterior. El mismo menú de tantas otras veces. El mismo menú en una ciudad distinta más de una década después. Ese que si volteáramos la esquina de las hojas de Circunvalación y Canadá en el restaurante arequipeño nos encontraríamos con la calle San Francisco de la Ciudad Blanca.
Los mismos protagonistas (muchos otros faltantes), los mismos protagonistas esperando aquel clásico del verano del 98. Casi una veintena de jóvenes en ese calor tan arequipeño listos a comerse el mundo y claro algunos chicharrones, para luego enrumbar a la casa del Loco Jaramillo y unirnos para marchar hacia el Mariano Melgar. La previa de este partido tan importante tiene historias que se enraízan quince años antes y aún más, las primeras chupetas en la ciudad para ver al campeón y luego terminar en el 2009 cerca al Monumental en el distrito de San Luis.

Las previas, las mejores de ellas, surgieron de un impulso espontaneo de nuestros amigos. Como una respiración que se dio naturalmente y nunca debió ser forzada. Una llamada apenas unas horas antes del partido bastaba en los primeros años 90. Un silbido en medio da la calle para saber que llegábamos al parque San Francisco antes de que lo llenaran de rejas, luego la llegada de la parca que derramaba el líquido preparado sobre el jardín del parque y el jardín que se moría o se convertía en mala yerba como nosotros. Era la señal para ponerse de pie y empezar la caminata, nuevas mezclas se hacían en el camino, las botellas de gaseosa que no tenían más gaseosa se iban entregando generosamente entre personas que se empezaban a conocer y que quince años después en una ciudad distinta siguen pasándose el trago en botellas de coca y siguen yendo al estadio para saciar una sed que con previas o sin previas sigue siendo inmensa gracias a la “U”.
Solo queda una anotación para mí mismo en el próximo campeonato, hazla simple, nada con excesiva anticipación, pues llegado el día importante, los amigos siempre están y la crema siempre está. Hazla simple entonces.


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El grande y el chico

Tan solo necesitaban de un triunfo en el Monumental para posponer el campeonato. Llevar todo a un tercer partido. Tan solo necesitaban de un gol antes y un gol después. Una actuación descollante de Montaño. Una vuelta de tuerca a una tuerca ya robada.
Y necesitaban de mucho, pues nunca el solo estuvo tan acompañado, tan lleno de circunstancias y seguros sin llave para no abrirse, ni darse.
El equipo de alianza funde motor en Matute. No durante el partido, sino después. Funde el motor al no encontrar respuestas en el camarín. Nadie podía motivar a Costas, el discurso se había acabado. Cuando el camarín es un entierro, se hace necesario sacar al muerto afuera. En alianza se encerraron con aquel durante la semana, le preguntaron cosas, cenaron juntos y se fueron a dormir pensando en él.

Al Monumental ese equipo fue muerto. Ni siquiera su hinchada confiaba en ellos; millares de boletos habían sido devueltos. Centenares eran negociados por sus hinchas con la hinchada rival. Ellos eran los revendedores, ellos le ponían precio a su pasión. Vendían su sentimiento como si estuvieran en los burdeles de Estambul, como si fueran hinchas del Milán negociando sus entradas cual papeles en blanco; los ingleses del Liverpool probaron la catadura de los lombardos a orillas del Bósforo. Y se asquearon de ellos. Tuvieron a Constantinopla al alcance de la mano en el primer tiempo y más bien se quedaron presos para siempre en las cárceles de Estambul. Rehenes de esos tristes penales, de esas cinco prisiones luego de ir ganando por 3 a 0. Los italianos del rico norte pecaron de avaros ese año. Los aliancistas de sur pecan de incrédulos, de desconfiados cualquier año. Ni el buen Jesucristo habría tenido un chance con ellos, ni la presencia de su redentor les habría convencido de una mejor suerte. Es que era diciembre y no octubre. El único mes donde se les da por creer para las cámaras, para el teatro de la prensa.

El Monumental casi era Topkapi con sus dos trofeos. Uno equivalía a un imperio. El otro conformaría prontamente a los blanquiazules. Les conformaría desde el primer momento que lo vieron. Lo irían a reclamar sin vergüenza, para fundirlo o para ponerlo de cabeza, ¿quién sabe?, pero lo fueron a reclamar. Sub-campeones. Vergüenza total. Como el pato que alimentan para que sea solo paté, alianza era una pasada de hígado sobre un pan demasiado duro en su dureza y demasiado podrido en sus blanduras. Segundos.

Tan solo necesitaban de un triunfo en el estadio del enemigo. Alistarse, entrar al campo y jugar. A muchos se les pide tomar las cosas en serio y no andar en jueguitos. A los de alianza les pedían menos, les pedían que jueguen, que jueguen bien. No lo lograron. Tenían a un equipo al frente y cualquier cosa que hayan planeado para contrarrestar esa circunstancia, no les resultó en ningún momento. La “U” respondía con un juego en conjunto que era suficiente para volver al tímido en miedoso y a aquel en cobarde.
Universitario de Deportes fue el dueño de la cancha y ya no solo del estadio. Cualquier otro cuadro que se presentara sería visita. Los blanquiazules fueron menos que una visita en este campo, menos que meros polizontes a punto de ser echado en puerto. Tanta superioridad de la “U” hacia su rival fue abusiva al final del día. Abusiva y excesiva.
Universitario de Deportes es un cuadro que revela una verdad clara, pero que no da el entendimiento al mediocre para que la comprenda. Entendimiento que le vendría bien a quienes perdieron los cuatro partidos que disputaron contra el equipo crema.
Esta escuadra les ganó de principio a fin, les ganó en buena lid y sería justo aceptarlo. Porque para ganar en el Monumental se necesitaban muchas cosas que le sobraban a la “U” y le faltaban a los de rayas. No es tan simple jugar contra un equipo unido y hasta a veces es harto complicado forzar siquiera un empate.
Universitario, cohesionado como estaba, se encontraba acompañado de su gente y para ganarle a tal compañía se necesitaba de por lo menos un ejército, de un buen ejército. No bastaba solo con ser un equipo.
Los ejércitos no juegan al fútbol, no lo hacen, aún no licencian a millares de hombres para quedarse con solo once camisetas. Hasta que no se presenten en contienda otros rivales, les queda a los vencidos, tragarse su bilis, tragarse todo el grano que se les da para inflarlos en las portadas.
Al Campeón Nacional se le debe respeto, porque sin respeto, solo eres un chico malcriado. Un chico que nunca llegará a comportarse como grande.

- ¡Habla, baixinho blanquiazul!


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Madrugar para un sueño

No he dormido nada. Nada. Estoy despierto como si la madrugada me debiera algo y tuviera que esperarla a que me lo entregue. Una, dos horas, la madrugada de Lima no entrega nada, ni devuelve nada, ni siquiera un simple sueño.
Sí, cierro los ojos e imagino, cierro los ojos y comienza una película, pero no quiero estropear el final con todas las estrellas mirándome desde el cielo. Cierro los ojos y deseo dormir, que aparezcan las ovejas para contarlas, que aparezcan siquiera los rivales para contarlos, no habrá muchos en el estadio, nunca hubo muchos.
Soy un lobo hambriento, no tengo ovejas a esta hora, no tengo sueño que entregar a mis cansados pensamientos.
Miro las estrellas y en este justo instante las estrellas son desperfectos siendo soldados, todo luce en mantenimiento cuando es de noche. Dios arregla el viejo cielo, el viejo cielo que se cae a pedazos sin que nadie se dé cuenta, más que yo y todos aquellos que tampoco duermen, porque el clásico está husmeando desde hace rato en nuestras cabezas.

“Una carezza in un pugno”, Celentano canta y canta, pero esta vez nadie lo acompaña, ni siquiera el cansancio. Apago el equipo y el italiano calla, él tal vez si pueda descansar ahora por los que no llegamos a dormir.
Bajo a prender la computadora entonces, a chequear noticias pasadas y futuras, todo depende de quién esté durmiendo. Toñito no juega en la final. Un caramba montado sobre un carajo y de vuelta al caramba. Hay que mantener la calma, aún tenemos a Torres y sobre todo a Torres.
Lanzan la primera bolsa desde afuera y el pan llega. Pronto deberé prepararme el desayuno.

Lima amanece a etas horas con un terrible sueño que no puede conciliar. El desvelo de una ciudad que aún no apaga las luces artificiales, que aún no apaga las esperanzas de los hombres que quisieron tanto y que en este momento ni siquiera pueden dormir. Yo soy uno de ellos, tengo la ropa lista desde ayer, limpia toda ella, pero arrugada de tanto ir y tocarla. Yo soy uno de ellos que siempre con un rezo listo, no se le da por rezar. Ese persignarme y mirar al cielo antes de comenzar el partido es una cábala, solo eso, una cábala en el mismo lugar de la religión.

Es feriado y es casi un martes. El casi porque son las 6 am. El casi porque es un día de clásico. Porque hay fútbol, porque hay alegría. Tomo mi desayuno, pero sigo siendo el mismo lobo hambriento, que nunca va a entender por qué carajo utilizamos los mismos cubiertos para las distintas comidas que nos presentan. Hoy hay un menú maravilloso, pero sigo siendo tan solo un hombre que no tiene más que cinco sentidos sumados a la mala para ayudarle a entender. Tan solo cinco, me digo en el kiosko, deseando tener una mayor comprensión y habilidad para poder capturar todo este cúmulo de sensaciones que llegan.
Un clásico, un clásico de definición en Matute. Tierra enemiga, tierra prometida. Me siento como un israelita en la última noche de los amorreos. Es tanto el peligro, pero también tanta la recompensa. Estamos en la víspera de algo maravilloso que se siente en el ambiente. Matute está lejos, pero no lo suficiente para no llegar allí antes de que acabe el día. No lo suficiente para que no hayan múltiples rutas de combi que nos trasladen hasta sus puertas. Matute está a tiro de piedra. Mejor aún, está al alcance de mi mano para cogerla completa como si fuera un racimo de uvas.
No he podido dormir aún y ya sueño las posibilidades infinitas que se presentan. Todas ellas empiezan aquí en mi cabeza, con simples sumas para comenzar de nuevo. Clásico, clásico de definición en Matute, tierra enemiga, tierra prometida. Dios, las posibilidades son maravillosas y tan solo soy un lobo hambriento ante el gran menú de la vida. Prendo el equipo de música mientras me preparo para asearme…Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota suenan. ¡Maldición, va a ser un día hermoso!*

*Canción de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota


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miércoles, 21 de diciembre de 2011

El billete ganador

Mis dos entradas van del bolsillo a la palma de la mano y de allí al bolsillo nuevamente. Son iguales en tamaño y forma, son distintas en el resto. Tribuna Norte dice la de Matute. Tribuna Norte a secas. 25 soles por el asiento 203 en la fila 14. ¿Asiento en Tribuna Norte?, el clásico comienza en este papel de batalla, en esa pequeña declaratoria de guerra.
Me voy con la infantería, con el soldado de a pie a nuestro querido bastión, no ha habido levas en el camino, la gente que va a Matute, va feliz y por propia voluntad. Sacan sus boletos como si tuvieran el billete ganador de lotería y lo tienen, lo tienen, no lo dudo, y por eso aquel con mucho cuidado va de la mano al bolsillo nuevamente, el ritual del ganador de un premio ha comenzado.

Este pequeño ticket es la felicidad completa. Y seguirá siendo la felicidad completa aun cuando con cada minuto se arrugue un poco más, aun cuando quede más pequeño de lo que ya es, un trozo menos al momento de ingresar al estadio, un trozo menos para poder cambiarlo por el todo final.
De su lisa corteza no queda nada, ha sido doblada por el sudor de la mano en el trayecto.
Playoff 2009, el precio jura decir 25 soles, tú solo sabes lo que he pagado por tenerte a tiempo y ahora que el precio cae nuevamente, una media sonrisa se dibuja en el cielo, la mano negra del mercado les dobla la mano a todos los “revecas”, el negocio lentamente se escurre de entre los dedos.
Pero volvamos nuevamente al dichoso boleto, a su declaratoria de guerra, a sus mentiras escritas por parte del enemigo. Volvamos a leer en ese trozo nuestro nombre pequeño en comparación a su ridícula tinta derramada, volvamos a leer nuestro nombre incompleto, nuestro nombre que será vengado dentro de poco por la hinchada y sus jugadores.

El clásico comienza a ganarse en la tribuna, sorprendiendo a los de enfrente que creían mucho en las mentiras de la prensa que les hizo los boletos y los titulares de la semana. El sancochado mental de ellos se les aclara en un instante, no son más el actor principal, no son más locales, la imprenta les ha mentido de nuevo, el papel soportaba todo y todo son la lluvia de papeles picados con que se recibe al campeón desde la Tribuna Norte. Universitario de Deportes y no Universitario sale a la cancha. Universitario de Deportes.

-Mucho gusto, como si aún no me conocieras.-

No importa, a veces las victimas prefieren no conocer el nombre de su victimario. El boleto es guardado en el bolsillo hasta el final, la “U” va al medio del campo y su gente le canta…un grande. La cancha hace pequeños a otros, pero no a este cuadro. Universitario de Deportes no entra en los cálculos de nadie nunca. El cuadro crema una vez más arranca el papel de la obra y rompe el boleto.

13 de Diciembre del 2009, el ticket que sobrevive en mis manos es la primera prueba del abrazo luego del gol y del campeonato. Maltratado y feliz, el pequeño boleto es sinónimo de felicidades más grandes. De felicidades que doblan y dan la vuelta, que hacen cordillera y cañón en lo que antes era liso, que hacen geografía sobre el papel común. El boleto doblado se acerca a si mismo, se abraza a si mismo en ciertas partes. A falta de mi mano, se da la propia mano también. La “U” gana el campeonato nacional, y el ticket que se guarda junto al otro de Matute luce sus cicatrices y heridas que solo deben ser entendidas desde la felicidad de un hincha, de un hincha adulto que termina celebrando como un chico en el Lolo de Breña, que termina celebrando el Campeonato Nacional y la nueva juventud gracias a las aguas de lo ya bebido.
Desde hoy y desde mi borrachera, certifico que Ponce de León es el apellido más común del Perú y de la Tierra.


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martes, 20 de diciembre de 2011

La final y el fin de todo

- La gente de la “U” está ingresando sin presentar DNI. –

Ese era el primer rumor que surgía al mediodía, el primer rumor desde el lado contrario. Simpatizantes blanquiazules moviendo la cabeza en franco desconcierto, mientras los dirigentes grones se apresuraban en llamar a los encargados de las puertas que daban paso a Norte. Una o dos averiguaciones, gritos de por medio…y siempre el mismo reclamo…

- ¿Por qué no piden DNI a las “gallinas”? -

El silencio primero y luego la explicación, su explicación. – A algunos los tasamos de clásicos pasados y los dejamos pasar…pero solo a unos cuantos (la minoría)…al resto los demoramos en una sola cola.
La bulla primero y luego la explicación, nuestra explicación. - ¿Por qué sin DNI?
Porque aunque les cueste decirlo, nos reconocen a todos, a cada uno de nosotros.
Porque tenemos una identidad que respetamos y no cambiamos con el pasar de los años, no se nos puede pedir identificación entonces, no la necesitamos.
Los dirigentes cagones no volverían a llamar a sus empleados en la puerta, al menos así quisiera creerlo.

La “U” con el pasar de los años ha cimentado una forma de ser tan igual a su primera concepción que debe sorprender a los extraños, a los que empiezan sus primeras averiguaciones desde los libros y las hojas.
¿Qué es esto de la garra?, ¿qué es esto de preferir el obraje sobre el arte?, ¿qué significa este golpe de puño sobre la mesa, interrumpiendo el concierto amistoso de 1924?
La “U” irrumpe en escena ese año para imponer una forma de entender el fútbol distinta a la generalidad. Universitario no es el primo hermano de Brasil, el primo pobre y menos talentoso. No, la “U” entiende desde temprano que ese estilo y esa forma de jugar no iba con ellos, que esa forma de ser nunca podría llenar de veras un corazón.

Universitario lleva sus pilchas y se instala al frente de todos los demás, la Federación Universitaria es el primer antagonista y rival del resto. Por ende también es el primer héroe de la calle. Lo demuestra en su primer clásico, lo demuestra en el último. La “U” no necesita DNI pues tiene identidad, me repite un compañero de ruta. La “U” no cambia y no debe de cambiar. Universitario no está a mitad de camino de nada. No está yendo del “jogo bonito” al “corazón”. Sus hinchas no le piden un gol de chalaca en el último minuto. Los cremas tienen claro lo que son, lo tienen claro desde que comienza su partido en el año 24.

Y es que su identidad siempre entra en escena. Aunque le sea difícil cruzar la puerta. Aunque por falta de algún jugador talentoso deba de buscar una ventana abierta para ingresar. Pero ese es Universitario, el viejo y querido Universitario de Deportes que siempre se hace presente en el campo rival. Esa identidad tan marcada hace que lo reconozcan cuando se muda de Breña para Ate. Universitario se muda, pero nunca cambia. Siempre la misma piel, con idéntico color a ambos lados.
La “U” es el puma que pone la garra al final de la avenida Javier Prado, es también el león y no la cebra de rayas blanquiazules. Aquella cebra que está a mitad de camino entre caballo y el remedo de una cosa. Universitario al final del callejón se comerá a la cebra nuevamente, se comerá a su presa, porque se repite y se ha de repetir siempre, porque para alcanzar la eternidad, uno debe convencerse primero en ser.

La “U” en las afueras de Matute no necesita de DNI y de partida de nacimiento para ingresar, no necesita de nada para demostrar quién es y qué arriesga.
Su estilo de jugar, su responsabilidad al encarar, aún su forma de caer cuando debe de caer, son dictados por una identidad. Una sola.
Universitario es fruto del hombre que quiso ser siempre hombre, nunca Dios. Que quiso ganar sus batallas solo. Nunca con ayuda divina. Nunca con uniformes cambiados cada año o cada mes de octubre. Universitario no se encomienda a los dioses en octubre, piensa más bien en el fin y en el final de todo. Su cabeza se concentra en diciembre, solo en diciembre.


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