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domingo, 11 de marzo de 2012

Cantares de gesta en el Nacional

La tonada con que se le canta a la “U”, tendría que ser la misma de siempre. Y en el Nacional llega a ser la misma de siempre. Igual tal vez, a la de casi un milenio atrás. La misma que cantaron los primeros juglares y que entonó también el juglar original.
La misma tonada con la que se cantó la primera gesta importante. Porque casi siempre el canto de la hinchada es el presagio de lo que ya se sabe o se sospecha. Casi siempre es lo que ha de ocurrir en escena. Lo que el jugador de la “U” ha de representar en el escenario. Y la hinchada realiza estos presagios sin notarlos aún. Allí radica la pureza de su acto.

La hinchada de la “U” le canta a una tradición que prorrumpe en sus venas. Cuando el bombo manda el “Vamos cremas vamos”, es porque han visto el acto heroico repetirse en el futuro. Más que un deseo, entonan como hados lo que ha de suceder.
El hincha de la “U” entona todos los fines de semana cantares de gesta. Sus gestas.
Los de al frente, solo se dignan a creerse más que nosotros, y a gritar sus oles cuando falta tanto para que todo acabe. Berrean cuando solo les separa un gol. Berrean ingenuos el ole como las ovejas que son:

¡Oleeee! ¡Beeeee! ¡Beeee!

La “U” es distinta. Su gente es distinta. Su hinchada se dedica a cantar y a cantar, siguiendo la tradición heredada tantos años atrás. Llaman a aquello que vendrá y aparecerá. Invocan a aquello a lo que le podrás llamar como te dé la gana.
Porque ya sabes, a partir de ahora puedes llamarlo como te dé la gana. Porque sucede. Simplemente sucede. No falta. No escasea. Y encima, tiende a repetirse en el tiempo. Sí, se repite. Se repite como si nada. La garra se repite.

Puede ser que el ponerse esta camiseta tenga que ver con ello. Esa camiseta crema y no otra. Aquella camiseta permite que las cosas sucedan. Que las reacciones se den. Que esa variable que suma, sume de nuevo. Una magnitud a la cual tenemos que reunir de alguna forma. Explicarla de alguna forma. Traducirla en ese sudor que no seca, pero que ya va quemando. Como si fuera combustible. ¡Y qué combustible! Tal vez el suficiente de aquel para echar a andar un país. Tu país.

El viejo en la tribuna de oriente lo sabe así. Sí, ese viejo señor que está ya hecho un músculo agarrotado, que no se deshincha. Que no sabe deshincharse y solo sabe ser hincha. Más hincha. Y grita. Y canta. Enfurecido, pero canta.
Como si su voz proviniera desde el fondo del lecho de un río costeño en verano. Con las piedras sonando y chocando, haciéndose añicos. Esa es su voz en el canto. Enfurecida. Pura. Rompiendo el cerco de miradas de gente sorprendida a su alrededor. Y pasando al otro lado. Caminado un trecho lunar y volviendo de allí. Y canta. Sobre todo canta. No sabe bien la canción, pero necesita cantarla. Hoy necesita cantarla. Porque el alma se le sale por la boca. Y ya es demasiada la humanidad que tiene encima. Lo siguiente sería llorar ante tanta humanidad. Ante el ejemplo del viejo, que canta a su equipo, a su Club. A ese gran amor que le tiene. Y que va chocando entre tanta gente.

Y entonces que llega el gol del empate. Un ir encima del rival. Un no dejarse vencer. Un pase de Rainer Torres hacia el recién ingresado y debutante Chirinos. Y Chirinos que se saca a su marcador y de media vuelta vence el arco contrario.
¿El viejo dónde está? Y el viejo de tribuna oriente que ya no está. Ahora estamos todos nosotros gritando, abrazando, insultando y alabando nuestra suerte. Sacando tanta humanidad encima.
Y el viejo que ya no está allí. Que se ha bajado por las gradas gritando. Gritando. Amando a la “U” y teniendo solo una vida para demostrarlo. Una vida. Y aprovechándola. Aprovechándola con todo. Estrujando su camiseta y llorando como un niño por lo que acaba de ver. Por lo que hemos visto todos. Por esta garra que se niega a ir. A pesar de todo. A pesar de los dirigentes. Cerrando los ojos y viéndolo todo. Todo. Y cantando también. He aquí entonces, el dueño de su mundo. He aquí, un hincha de la “U”.


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viernes, 23 de diciembre de 2011

La previa

Una anotación para mi persona…nunca planees una previa. Nunca planees una previa con casi una semana de anticipación. Nunca, nunca lo hagas bajo los efectos del alcohol. No en medio de una celebración, no luego de haber ganado al clásico rival. De haber ido a su casa y haberse hecho con sus botellas ya separadas.
Nunca prometas en medio de una copa que se llena y una copa que ganarás, lo que has de hacer antes del partido. A veces es tanta la felicidad que la espuma actúa más generosa que la neblina de Lima y hace ver las hazañas más grandes de lo que son. Y es por eso que cuando el sábado llega, no cuentas con casa donde tomar, botellas que abrir o amigos a quien putear o agradecer. Ningún amigo que desde el martes confirmaba la asistencia y persistencia de su estancia en el evento, se presenta. Fracaso total…vámonos a chupar, pero ya no se puede, que mañana es el partido.
El sábado se diluye entonces oliendo a alcohol, sabiendo a alcohol, pero no para ti. El día más esperado de la semana se convierte en la noche más desesperada de todas. Nada ocurre a tu alrededor, ni tampoco a veinte kilómetros de distancia. No existe celebración lo suficientemente bulliciosa para despertarte de ese desgano y desear que sea domingo y te puedas desquitar en la cancha.

La previa será entonces pospuesta y deberás encontrarte en un restaurante lo suficientemente anónimo para poder recriminar con nombre propio el fracaso del día anterior. El mismo menú de tantas otras veces. El mismo menú en una ciudad distinta más de una década después. Ese que si volteáramos la esquina de las hojas de Circunvalación y Canadá en el restaurante arequipeño nos encontraríamos con la calle San Francisco de la Ciudad Blanca.
Los mismos protagonistas (muchos otros faltantes), los mismos protagonistas esperando aquel clásico del verano del 98. Casi una veintena de jóvenes en ese calor tan arequipeño listos a comerse el mundo y claro algunos chicharrones, para luego enrumbar a la casa del Loco Jaramillo y unirnos para marchar hacia el Mariano Melgar. La previa de este partido tan importante tiene historias que se enraízan quince años antes y aún más, las primeras chupetas en la ciudad para ver al campeón y luego terminar en el 2009 cerca al Monumental en el distrito de San Luis.

Las previas, las mejores de ellas, surgieron de un impulso espontaneo de nuestros amigos. Como una respiración que se dio naturalmente y nunca debió ser forzada. Una llamada apenas unas horas antes del partido bastaba en los primeros años 90. Un silbido en medio da la calle para saber que llegábamos al parque San Francisco antes de que lo llenaran de rejas, luego la llegada de la parca que derramaba el líquido preparado sobre el jardín del parque y el jardín que se moría o se convertía en mala yerba como nosotros. Era la señal para ponerse de pie y empezar la caminata, nuevas mezclas se hacían en el camino, las botellas de gaseosa que no tenían más gaseosa se iban entregando generosamente entre personas que se empezaban a conocer y que quince años después en una ciudad distinta siguen pasándose el trago en botellas de coca y siguen yendo al estadio para saciar una sed que con previas o sin previas sigue siendo inmensa gracias a la “U”.
Solo queda una anotación para mí mismo en el próximo campeonato, hazla simple, nada con excesiva anticipación, pues llegado el día importante, los amigos siempre están y la crema siempre está. Hazla simple entonces.


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El grande y el chico

Tan solo necesitaban de un triunfo en el Monumental para posponer el campeonato. Llevar todo a un tercer partido. Tan solo necesitaban de un gol antes y un gol después. Una actuación descollante de Montaño. Una vuelta de tuerca a una tuerca ya robada.
Y necesitaban de mucho, pues nunca el solo estuvo tan acompañado, tan lleno de circunstancias y seguros sin llave para no abrirse, ni darse.
El equipo de alianza funde motor en Matute. No durante el partido, sino después. Funde el motor al no encontrar respuestas en el camarín. Nadie podía motivar a Costas, el discurso se había acabado. Cuando el camarín es un entierro, se hace necesario sacar al muerto afuera. En alianza se encerraron con aquel durante la semana, le preguntaron cosas, cenaron juntos y se fueron a dormir pensando en él.

Al Monumental ese equipo fue muerto. Ni siquiera su hinchada confiaba en ellos; millares de boletos habían sido devueltos. Centenares eran negociados por sus hinchas con la hinchada rival. Ellos eran los revendedores, ellos le ponían precio a su pasión. Vendían su sentimiento como si estuvieran en los burdeles de Estambul, como si fueran hinchas del Milán negociando sus entradas cual papeles en blanco; los ingleses del Liverpool probaron la catadura de los lombardos a orillas del Bósforo. Y se asquearon de ellos. Tuvieron a Constantinopla al alcance de la mano en el primer tiempo y más bien se quedaron presos para siempre en las cárceles de Estambul. Rehenes de esos tristes penales, de esas cinco prisiones luego de ir ganando por 3 a 0. Los italianos del rico norte pecaron de avaros ese año. Los aliancistas de sur pecan de incrédulos, de desconfiados cualquier año. Ni el buen Jesucristo habría tenido un chance con ellos, ni la presencia de su redentor les habría convencido de una mejor suerte. Es que era diciembre y no octubre. El único mes donde se les da por creer para las cámaras, para el teatro de la prensa.

El Monumental casi era Topkapi con sus dos trofeos. Uno equivalía a un imperio. El otro conformaría prontamente a los blanquiazules. Les conformaría desde el primer momento que lo vieron. Lo irían a reclamar sin vergüenza, para fundirlo o para ponerlo de cabeza, ¿quién sabe?, pero lo fueron a reclamar. Sub-campeones. Vergüenza total. Como el pato que alimentan para que sea solo paté, alianza era una pasada de hígado sobre un pan demasiado duro en su dureza y demasiado podrido en sus blanduras. Segundos.

Tan solo necesitaban de un triunfo en el estadio del enemigo. Alistarse, entrar al campo y jugar. A muchos se les pide tomar las cosas en serio y no andar en jueguitos. A los de alianza les pedían menos, les pedían que jueguen, que jueguen bien. No lo lograron. Tenían a un equipo al frente y cualquier cosa que hayan planeado para contrarrestar esa circunstancia, no les resultó en ningún momento. La “U” respondía con un juego en conjunto que era suficiente para volver al tímido en miedoso y a aquel en cobarde.
Universitario de Deportes fue el dueño de la cancha y ya no solo del estadio. Cualquier otro cuadro que se presentara sería visita. Los blanquiazules fueron menos que una visita en este campo, menos que meros polizontes a punto de ser echado en puerto. Tanta superioridad de la “U” hacia su rival fue abusiva al final del día. Abusiva y excesiva.
Universitario de Deportes es un cuadro que revela una verdad clara, pero que no da el entendimiento al mediocre para que la comprenda. Entendimiento que le vendría bien a quienes perdieron los cuatro partidos que disputaron contra el equipo crema.
Esta escuadra les ganó de principio a fin, les ganó en buena lid y sería justo aceptarlo. Porque para ganar en el Monumental se necesitaban muchas cosas que le sobraban a la “U” y le faltaban a los de rayas. No es tan simple jugar contra un equipo unido y hasta a veces es harto complicado forzar siquiera un empate.
Universitario, cohesionado como estaba, se encontraba acompañado de su gente y para ganarle a tal compañía se necesitaba de por lo menos un ejército, de un buen ejército. No bastaba solo con ser un equipo.
Los ejércitos no juegan al fútbol, no lo hacen, aún no licencian a millares de hombres para quedarse con solo once camisetas. Hasta que no se presenten en contienda otros rivales, les queda a los vencidos, tragarse su bilis, tragarse todo el grano que se les da para inflarlos en las portadas.
Al Campeón Nacional se le debe respeto, porque sin respeto, solo eres un chico malcriado. Un chico que nunca llegará a comportarse como grande.

- ¡Habla, baixinho blanquiazul!


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martes, 20 de diciembre de 2011

La final y el fin de todo

- La gente de la “U” está ingresando sin presentar DNI. –

Ese era el primer rumor que surgía al mediodía, el primer rumor desde el lado contrario. Simpatizantes blanquiazules moviendo la cabeza en franco desconcierto, mientras los dirigentes grones se apresuraban en llamar a los encargados de las puertas que daban paso a Norte. Una o dos averiguaciones, gritos de por medio…y siempre el mismo reclamo…

- ¿Por qué no piden DNI a las “gallinas”? -

El silencio primero y luego la explicación, su explicación. – A algunos los tasamos de clásicos pasados y los dejamos pasar…pero solo a unos cuantos (la minoría)…al resto los demoramos en una sola cola.
La bulla primero y luego la explicación, nuestra explicación. - ¿Por qué sin DNI?
Porque aunque les cueste decirlo, nos reconocen a todos, a cada uno de nosotros.
Porque tenemos una identidad que respetamos y no cambiamos con el pasar de los años, no se nos puede pedir identificación entonces, no la necesitamos.
Los dirigentes cagones no volverían a llamar a sus empleados en la puerta, al menos así quisiera creerlo.

La “U” con el pasar de los años ha cimentado una forma de ser tan igual a su primera concepción que debe sorprender a los extraños, a los que empiezan sus primeras averiguaciones desde los libros y las hojas.
¿Qué es esto de la garra?, ¿qué es esto de preferir el obraje sobre el arte?, ¿qué significa este golpe de puño sobre la mesa, interrumpiendo el concierto amistoso de 1924?
La “U” irrumpe en escena ese año para imponer una forma de entender el fútbol distinta a la generalidad. Universitario no es el primo hermano de Brasil, el primo pobre y menos talentoso. No, la “U” entiende desde temprano que ese estilo y esa forma de jugar no iba con ellos, que esa forma de ser nunca podría llenar de veras un corazón.

Universitario lleva sus pilchas y se instala al frente de todos los demás, la Federación Universitaria es el primer antagonista y rival del resto. Por ende también es el primer héroe de la calle. Lo demuestra en su primer clásico, lo demuestra en el último. La “U” no necesita DNI pues tiene identidad, me repite un compañero de ruta. La “U” no cambia y no debe de cambiar. Universitario no está a mitad de camino de nada. No está yendo del “jogo bonito” al “corazón”. Sus hinchas no le piden un gol de chalaca en el último minuto. Los cremas tienen claro lo que son, lo tienen claro desde que comienza su partido en el año 24.

Y es que su identidad siempre entra en escena. Aunque le sea difícil cruzar la puerta. Aunque por falta de algún jugador talentoso deba de buscar una ventana abierta para ingresar. Pero ese es Universitario, el viejo y querido Universitario de Deportes que siempre se hace presente en el campo rival. Esa identidad tan marcada hace que lo reconozcan cuando se muda de Breña para Ate. Universitario se muda, pero nunca cambia. Siempre la misma piel, con idéntico color a ambos lados.
La “U” es el puma que pone la garra al final de la avenida Javier Prado, es también el león y no la cebra de rayas blanquiazules. Aquella cebra que está a mitad de camino entre caballo y el remedo de una cosa. Universitario al final del callejón se comerá a la cebra nuevamente, se comerá a su presa, porque se repite y se ha de repetir siempre, porque para alcanzar la eternidad, uno debe convencerse primero en ser.

La “U” en las afueras de Matute no necesita de DNI y de partida de nacimiento para ingresar, no necesita de nada para demostrar quién es y qué arriesga.
Su estilo de jugar, su responsabilidad al encarar, aún su forma de caer cuando debe de caer, son dictados por una identidad. Una sola.
Universitario es fruto del hombre que quiso ser siempre hombre, nunca Dios. Que quiso ganar sus batallas solo. Nunca con ayuda divina. Nunca con uniformes cambiados cada año o cada mes de octubre. Universitario no se encomienda a los dioses en octubre, piensa más bien en el fin y en el final de todo. Su cabeza se concentra en diciembre, solo en diciembre.


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domingo, 18 de diciembre de 2011

El punto final

No fue un partido común en la vida de Solano. No lo fue antes, ni lo es ahora. Pues antes no se le señaló una ruta parecida; ni aquel demoró lo mismo en concluirla.

Los instantes duran nada, pero suelen demorarse en suceder. Se demoran una vida, a veces solo un día, y otros, noventa minutos o menos, que ni nos damos cuenta. A veces también duran lo que dura una ruta alterna en ser cubierta.
No fue un partido común en el trajinar de Solano. No fue la misma receta de siempre hecha por el médico para ser leída al paciente de crema. No fue cualquier palabra la que se debió de leer. No fueron puntos comunes los que se buscaban en el partido, sino tres puntos sustanciales para dar sentido a un campeonato.
En esa receta nadie podía entender como un jugador que hasta ayer no lograba terminar los partidos, pudiera quedarse hasta el final. Nadie podía entender que jugara todo el clásico, pues se esperaba el canje común, el cambio luego de tanto tiempo sin brillo.
No se esperaba el instante de genialidad, repetido dos veces. No se esperaba la ida y vuelta de un jugador. La ruta completa que dura un poco más de noventa minutos en cubrirse.

La “U” volteaba un match de adentro hacia afuera, lo daba vuelta desde el centro de la fiesta que se vivía en la tribuna, lo liberaba con el grito que reemplazaba al canto por un instante completo.
Universitario triunfaba en dos párrafos. Era suficiente. Solano no había escrito ninguna letra o palabra en el primer tiempo que fuera de vital importancia. Porque ese pase de huacha a Labarthe tenía los signos de otro idioma, de otra lengua que el delantero no podía entender. Ñol se tenía que reinventar, y hacer la simple para un cuadro que le cuesta entender las frases geniales. Un cuadro que le cuesta comprender su propio idioma.
Solano tenía que dejar las palabras, para poner los puntos que todos los idiomas utilizan, esos puntos finales que sirven de tanto para encapsular un instante; por ejemplo, un instante de noventa minutos.

Y entonces hizo lo que se le pedía. Acabar los párrafos, terminarlos con dos tiros excepcionales. Nunca dos pelotas en el Monumental se parecieron tanto a dos puntos de tinta. Nunca dos puntos acabaron con la discusión en la torre de Babilonia. Nunca la “U” y alianza concordaron en tanto, concordaron en que esas dos pelotas eran el final.

La pelota detenida a un costado para un mundo que continúa girando, esa es la responsabilidad de los ejecutores de tiro libre. La atención fija a un mundo que está en movimiento. Solano no falló en esa responsabilidad. Juntó al inerte con el vivo y le dio más vida a ambos. Juntó en esa área solo suya, a dos figuras casi redondas: a una pelota y a una cabeza, y las hizo llegar adonde debían de llegar.
Universitario de Deportes daba vuelta a un marcador y a una frustración con dos pelotas centradas desde la experiencia y ya no desde la vejez, tal como habían destacado los diarios en semanas y meses pasados. La “U” no trajo a ningún salvador o villano, trajo a alguien que te lee los partidos de corrido y puede ponerte las cosas en su sitio; es decir, colocarte los puntos finales.

Solano es el titular que se vende en la primera página de un diario de 50 céntimos. El tipo de crónica que implica crisis y redención. El tipo de noticia que redime al jugador y también al periodista. Ya sea cuando al jugador se le hace difícil acabar un match o cuando aquel mismo concluye la función con genialidades como las del partido con Inti Gas y deja servido al escritor para que no ponga mucho y solo adjunte como ahora, una pequeñez a la historia y después de eso claro, el punto final.

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viernes, 21 de octubre de 2011

El Rugido

Hay narraciones que tal como empiezan, terminan. El verdadero giro de sus historias se encuentra a la mitad de las mismas. A partir de ese nudo, las aguas tienden a la calma hasta llegar a ella, en sus orillas contrarias.
También existen crónicas que se dan con un corito y con un silencio. El corito es el gol que llega, y el silencio, el tanto que pudo ser del contrario.
Como todos, me gustan los partidos que se empiezan ganando. Y entre ellos, me agradan más los que se buscan ganar desde el saque.

Pero también me fascinan aquellos choques donde luego de ir perdiéndolos, se los llega a recuperar y empatar. Porque sé lo difícil que es igualar con alguien. Lo dificultoso de equilibrar con matemáticas puras y duras, el número del contrario.
¿Qué hizo la “U” para lograr el empate? Hizo lo distinto y lo de siempre. Y no me contradigo con ello. Universitario después de intentarlo todo sin resultado, tuvo que recurrir a lo único que no había mostrado hasta allí, y lo tuvo que llevar hacia adelante como si fuera un arma secreta. Pero bien sabíamos todos de qué se trataba. Y bien sabíamos el efecto que tendría nuestra bomba de neutrones sobre el contrario y sobre nosotros…bien conocíamos el efecto de la garra.
Aquella garra que te inserta de la nada en una historia que no leías, ni escribías. Que no entendías aún. Aquella garra que parece también detener el tiempo, hacerlo cada vez más lento hasta poder conseguir el objetivo.

Universitario era lento y torpe en su discurrir. Iba tropezando aquí y allá con los contrarios; y cuando intentaba ir al choque, más bien se quedaba en el aire, sin nada.
La “U” en el primer tiempo, era una de esas historias de las que nadie quisiera hacerse cargo, pero que al final te terminas haciendo cargo. Y lo haces sin discutir y con gusto. Los que fuimos al estadio hoy, lo hicimos con gusto.
A pesar del mal partido y del gol al finalizar el primer tiempo. A pesar del pésimo accionar de Mendoza y Galliquio en la zaga. A pesar y con pesar también, de las lesiones de Fano y Torres, lo hicimos con gusto y no con resignación.
Es que sabíamos que cuando la “U” quiere, puede. Y cuando no puede, trae entonces a la garra y plantea un partido totalmente distinto.
Arranca una hoja del libro y desafía al contrario para que escriban sobre ella. Vértigo y equilibrio sobre sus delgados bordes. Vértigo y equilibrio avanzando sobre la palabra que estaba mal escrita y que se empieza a borrar con cada nuevo jugador que se lanza sobre el balón.

Los futbolistas se pierden y vencen con cada nueva disputa que se da. Universitario de Deportes no encuentra un camino claro y avanza porque siente la bulla que le indica hacia adónde ir.
No son solo once jugadores los de la “U”; está vez son muchos más.
Cuando no existe claridad y se juega a oscuras, se juega entonces también con otros sentidos. Los sentidos que te los da la gente, está gente hermosa que viene hasta aquí, hasta el corazón del jugador, para cantarle. No canta al oído del futbolista como si le cantara o contara un secreto. Le canta al corazón. Tal bulla y ruido le canta al corazón. Tal vibración solo le es posible de distinguir al núcleo más básico del hombre. Y entonces el hombre responde. Y avanza.

Es en uno de esos avances que las líneas se cruzan y se crea la luz. Como si se progresara a lo lejos, allá por el extremo, por el ande, y se fueran iluminando pueblos en las alturas.
Estoy seguro que ese gol en el minuto 84, lo gritaron hombres y mujeres de nuestra serranía más lejana, que no vieron el tanto, sino que lo escucharon en la radio, y escucharon antes de ello, el rugir de la gente. Y ese rugir bendito que no era dirigido a los oídos, sino al corazón de las personas. A infundirles temor o a llenarlos de valentía. Hoy llenó de valentía a los jugadores de la “U”. Hasta el tope y hasta hacerlos rebalsar.

Los penales pasaron a ser el premio, o también la revancha de una hinchada y un equipo, por lo que ocurrió en la Libertadores del año pasado.
Al igual que aquella vez, se fallaron penales; y a diferencia de ese mismo partido, se ganó el pase a la siguiente ronda.
La “U” a la siguiente fase, gracias a los jugadores, gracias a esos huesos de blanco y crema que hoy fungieron de palos en el arco de sur y gracias sobre todo a esta gente. A esta hermosa hinchada que cuando quiere, puede. Y cuando no puede, recurre a la garra y deja de hablarle al oído, para empezar a rugirle al corazón.


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jueves, 29 de septiembre de 2011

Hincha de la "U"

Ser hincha de la “U” me ha dado innumerables motivos de felicidad, nunca de vergüenza. Soy hincha de Universitario de Deportes desde los cinco años de edad, y desde aquel crítico momento nunca he ocultado a nadie el color de mi camiseta.
A familiares y desconocidos, a compañeros de clase y a amigos, a gente adulta cuando era un chico, y a la collera de estudiantes que ahora pasan por la calle (voy rumbo al estadio) nunca les he negado la participación de ver el color que visto, el dejarles saber que me considero hincha del más glorioso Club.
Soy hincha de la “U” y lo seré siempre. Cada vez que me pregunten, cada vez que me discutan y cada vez que callen, sabrán que soy hincha de la crema. Mi propio silencio también les dirá lo mismo. Porque ya habré dicho antes lo que genera en mí esa camiseta.
Algunos entenderán, otros no. No importa. Lo que importa es ser honesto. Solo eso.

Soy hincha de la “U” desde que jugaba en los arenales de Pisco y a la orilla de su mansa playa. Hincha, cuando a esa edad me tocó soñar que podría ser un gran jugador, y también, cuando me di cuenta un poco después, que no era lo suficiente bueno para ello.
Hincha, la primera vez que fui al estadio a ver a Universitario de Deportes y lentamente se me fueron doblando las piernas de la emoción. E hincha también, cuando me invitaron a ver otros equipos y no me transmitieron nada. Ni siquiera una simpatía.
Hincha, cuando solo pasaban clásicos y Libertadores por la tv, y el resto de partidos uno lo tenía que escuchar por radio. Vivir en provincias, hace que te importe más todo, que la búsqueda de lo lejano y lo que a veces también se ve ajeno, aumente tu apuesta de vida.
Vivir en provincias (en esos años más), agrava lo que significa ser peruano. Vivir en Pisco significó ser más hincha de la “U”. Y serlo antes que muchos chiquillos de mi edad.

Me acuerdo haber llevado alguna vez una camiseta de la “U” y otra igual a ella debajo. Para que no queden dudas.
Si Dios es sordo al diario vivir de los hombres, pero a su vez, también escucha los rezos de ellos, sabrá entonces que soy hincha de la “U”, porque muchas veces recé por un buen desempeño del Club. Por un buen desempeño de acuerdo a nuestra historia, antes que por un resultado.
Y si en cambio, Dios es mudo, me puedo imaginar las veces que se ha quedado con el grito de gol acostándose a dormir en su garganta, desesperado por no dejarlo ir. Me lo puedo imaginar hincha del fútbol como cualquiera. Hincha de la “U” por ende. Me puedo imaginar lo primero y saber lo último. Saberlo a partir de la cantidad de veces que hemos dado vuelta un resultado o ganado al final un partido. ¿Hay acaso algo de común o humano en ello?

Disculpen no ser modesto con mis amores. Es algo humano (eso sí), el pecar de inmodestia.
Por otro lado, ser hincha de la “U” implica una felicidad distinta. Esa felicidad, que otros al vernos, confunden con tener un exceso de orgullo.
Una sonrisa dibujada desde un rostro hasta otro rostro y de allí en más, seguir dibujando la línea hasta agotar los pínceles. Eso implica la felicidad de ver un solo color en la cancha.
Si llaman daltonismo la dificultad de distinguir los colores. Llamemos hincha entonces, el distinguir todos ellos y preferir uno solo en la vida. Soy hincha de la “U” y llevo la crema en mi andar diario.
No estoy en contra de nadie por ello, estoy a favor de la “U” solamente. Solo soy hincha de Universitario de Deportes. Y para que no queden dudas, pongan una tilde en cada una de las letras de la palabra solo. Son cuatro los acentos, ¿los contaron? Yo solo cuento las horas de volver a ver a la “U”. Śóĺó eso.


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martes, 23 de agosto de 2011

Ser la "U" siempre

Hay rumores y secretos. Murmullos que se convierten en gritos. También hay cosas que se saben, que se dan por hechas todavía.
En el estadio existía el rumor de que los tres puntos contra Unión Comercio se recuperarían; el secreto de que el futuro de Ruidíaz se iría a definir en la semana; los murmullos de que tal vez Morel se esté empilando; los gritos para decirles a los que están más arriba, que allí vamos, que nos esperen, que con nosotros nunca nada está dicho.
Y existen las cosas que se saben, que se dan por hechas todavía. Nunca nadie dudó de que lo voltearíamos. Que lo haríamos de a pocos, tal vez en el segundo tiempo y posiblemente con algo de separación entre los goles. Pero que finalmente lo lograríamos.

El entrenador de la “U”, volvía al esquema ofensivo (con algunas variaciones) que a veces le da resultado y otras tantas veces, lo convierte con justa razón en el blanco de las críticas.
Nadie duda de su intención por ganar los partidos y de lo generoso de su propuesta en la segunda rueda. Lástima de que la soberbia lo haya cegado durante la primera parte del año para hacer los cambios necesarios.
El problema hasta el momento es su incapacidad para darle una lectura adecuada a los partidos. Pone buenas formaciones en el campo, pero le es casi imposible armar sobre la marcha, la respuesta a la propuesta contraria.
Ayer hubo una mejoría en cuanto a ello. Un acierto en poner a García en lugar de Morel, cuando aquel ya había dado todo lo que tenía por dar.

Los goles de Ruidíaz y de Fano llegaron en el segundo tiempo, cuando estábamos volcados en campo contrario. Cuando lo arriesgábamos todo porque ya no quedaba nada por regalar en el campeonato. Golpeando y contragolpeando, así llegaron ambos tantos. Siempre atacando.
No se pudo ganar por un marcador más amplio por el rival que teníamos al frente, que a pesar de ser un equipo de mitad de tabla, luce con mayor consistencia que el común de los equipos peruanos.
Y no pudimos hacerlo también, porque no existen los circuitos entre los jugadores creativos, la comunicación necesaria entre mediocampo y ataque. Esa es entera responsabilidad del entrenador, que intenta hoy lidiar con sus errores del pasado.

Lo que importa ahora es sumar sobre lo ya ganado. Conseguir los resultados jugando ofensivamente, porque tenemos que ir a buscar los partidos. No queda otra. Tenemos el mejor equipo del campeonato. Conseguir el mismo, sería solo construir sobre la lógica. No pidamos menos entonces. A pesar de los pésimos dirigentes y del mismo entrenador. No pidamos menos.

¿Nos alcanzará el esfuerzo final?...tal vez. Pero hay cosas que se saben desde ya. Por ejemplo se sabe que a los de arriba los vamos a asustar, que los haremos sudar y descomponerse, que los enfermaremos del estómago.
¡Cuánto van a sufrir!, según pasen las semanas y nos vean cada vez más cerca; ya casi allí. Van a voltear enfermos y dirán de la boca para fuera, que quieren una final con nosotros. Muy íntimamente querrán morirse, no podrán dormir, y si de “cazuela” logran hacerlo, sufrirán entonces de pesadillas.
Porque si nos vemos las caras en la final, ya saben como es, ellos lo saben y nosotros también lo sabemos. Esperemos que nos alcance entonces. Que nos alcancen los once triunfos que nos quedan por delante. Once triunfos, nada menos. Porque somos la “U” y exigimos ser la “U” siempre.


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domingo, 14 de agosto de 2011

Un Tercio Más

No vamos a descubrirlo a Del Solar como el peor. Porque no lo es y porque para ser aquel peor, se necesita contar también con algo de épica para ir hacia atrás.
No lo acercaremos en demasía al cero, porque aún puntúa. Paga mal, pero paga al menos. Paga para seguir debiendo. Y paga para al final no campeonar.

No lo vamos a descubrir como el peor de los técnicos tampoco. Colón pasaría de largo y Núñez de Balboa no lo pisaría siquiera. Asimismo no lo sindicaríamos como el peor, porque por lo menos intenta ser más ofensivo. No lo logra, ni de lejos, ni con lupa. Pero allí está intentando. Como un burro necio que se soltó y quiere trabajar el doble y al revés. El doble y mal. Pero el doble.
Va de fracaso en fracaso. A veces mal y a veces peor que mal. Otras tragedias se las sabe escribir bajo su propio influjo (que cree ingenio), y otras tantas también, se las dictan mordidas, desde afuera.

Del Solar es producto de las circunstancias. Es una creación casi heroica, pero no es un héroe. Es una creación casi heroica por el tamaño de esfuerzo echado a perder en aquel. No da la talla. Ni aunque se le estire el terno o se le reduzca el sueldo (que seguro no le pagan). No da la medida. Aunque se empine o se arrodille.
Son tres las dimensiones que se necesitan en este caso y el técnico de la “U” resulta solo siendo un plano. Un mal plano. Un encefalograma plano.
Es que ya no reacciona. Pareciera creer o quisiera hacer parecer que solo es necesario formar un equipo en el campo. Solo eso. Porque una vez que empieza el partido, el técnico de la “U” carece de la inspiración o reacción. Incluso de los reflejos más primarios que se les pide a los seres vivos. Claro, lo vemos actuar, saltar y muchas veces hacerse expulsar, pero todo aquello tiene el sabor del bocado vacío.
Los invito entonces a que abran la boca y le den una mordida (pequeña o grande) al aire que tienen frente suyo. ¿Lo probaron?, ¿lo degustaron? Pues así sabe el pensamiento de Del Solar. A ese regusto. A esa nada.

El partido de hoy es una bandera en manos de los jugadores. De ellos depende más que nunca, el todo. Cada jugador se cree importante (hasta allí bien) y más importante de lo que debiera. Avanzan con su propio pendón en contra del rival y a costa de sus propios compañeros. Todos los esfuerzos (muchos esfuerzos) se gastan en forjar los contragolpes del contrario y a veces también los ataques secos contra la portería de la “U”.
El juego en conjunto se esfuma no en un esfuerzo calculado, sino en un acto de desesperación. No existe mayor egoísmo, lo que existe es un querer hacer el bien de todos con el propio sacrificio, con la propia impotencia.
Universitario de Deportes no tiene voces que puedan dar indicaciones desde fuera, lo que posee es ruido fisiológico. Aquel ruido que desencadena en sordera.

La “U” tiene individualidades introducidas en una bolsa y tiradas luego en una manta. El azar; los cinco dados convertidos en once, el juego del cacho. El equipo crema es un gran desorden. Casi igual a la situación del Club (mucho menos para ser sinceros).
La táctica del nudo. El nudo marinero, el nudo de la abuelita o el nudo que nos espera en la horca, hacia allí vamos con los dirigentes y el técnico que tenemos.

No echo la culpa al técnico de lo que sucede afuera, porque no tiene culpa alguna. Pero sí le echo en cara, todos los errores, deslices y yerros que vengan de adentro del campo. Porque es domingo, porque acabamos de jugar contra la San Martín y sobre todo, porque Del Solar es responsable. Nadie le apunta un arma para que se quede en el banco del técnico. Nadie.
No es imprescindible ni necesario, no se le va extrañar cuando se vaya.
Ahora viene un partido de local, un encuentro difícil, casi imposible en términos de rendimiento para el técnico. Pero igual ganaremos. Porque somos la “U” y porque el triunfo lo queremos más que nadie en el mundo. Simplemente por eso…y sobre todo por eso.

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domingo, 31 de julio de 2011

La plaga que nunca se iba

Es un año de mala cosecha. Debemos aceptarlo desde ya. La “U” no debe tirar el grano, pero tampoco necesita arrastrar más allá de sus posibilidades la situación que lo sofoca.
En Chiclayo nos hacen recordar una vez más lo mal que vamos y lo mal que nos ven los demás. Ya no existe el respeto y menos el resquemor por un equipo como el de Universitario de Deportes. Nos atacan durante todo el partido y cuando no lo hacen, nos van toreando de un lado a otro con la pelota.
Poner de excusas al viento o a la mala suerte, sería de necios ante lo poco que se hizo en el transcurso del encuentro. El primer tiempo fue para ellos y el segundo también. Nuestro momento tal vez ocurrió en algún otro lugar, porque en Chiclayo no llegó un equipo que quisiera ser campeón o quisiera de verás la victoria.
Mientras los contrarios nos presentaban un equipo, nosotros  hilvanábamos una jugada y otra jugada más entre dos. Nadie más se unía al concierto, el que se atrevía a hacerlo, desafinaba.
La iniciativa estuvo siempre del lado del rival. La respuesta se repartió en nuestras manos y a veces ni eso. La “U” luchó por separado y perdió en cada una de esas oportunidades que tuvo para unirse y no pudo hacerlo.
El desorden generalizado y su nula compostura durante noventa minutos nos mostraron la calidad de los que toman las decisiones en el banco y un poco más allá. Por ellos perdimos hoy y es probable que lo sigamos haciendo.

Es así que el mal planteamiento del técnico dentro del campo y la pésima planificación de la dirigencia en las afueras, nos han llevado a esta crisis inmensa que no tiene visos de verse solucionada.
La “U” no es una lágrima simplemente porque no la lloran los dirigentes, ni la sufre el técnico. No es una lágrima, porque la situación cada vez es más oscura que transparente y más alarmante que penosa.
Hay tantas cosas que están erradas, que si nombráramos solo una que anduviera bien, posiblemente nos tildarían de mentirosos y seguramente nosotros no haríamos nada por remediarlo. Sería ir contra lo evidente y en este caso, contra la historia del técnico de Universitario de Deportes.

La historia del técnico de la “U” nos indica que tiene algo parecido al pasaporte noruego,  con el que se dice ha viajado de incógnito por todo el mundo. Con aquel se ha trasladado en medio de mares borrascosos para finalmente descender en puertos y en las dársenas luego de la descarga.
Así ha recalado en capitales, en ciudades que lo fueron y en pueblos que tal vez lleguen a ser algún día ciudades principales. O tal vez no.
Ha estado en el Besiktas de Estambul y en la Constantinopla de Justiniano. Ha pisado cada una de las ciudades de una España ficticia y una España real, donde la muerte roja de un Poe en Delirium Tremens lo habría podido ubicar sin problemas.
Ha estacionado con los Tercios de Flandes en los saqueos de Malinas. Allí ha sido tercio, sexto y último.
Ha vuelto finalmente a una Lima que solo era melancólica del buen fútbol y la ha llevado a otro extremo y a otro deporte totalmente distinto. Y se ha quedado.

Se ha quedado tan a gusto como la geometría perversa de una bacteria; hasta finalmente sentirse satisfecho de tener un apodo y chapa y de contar también con un nombre científico.  
No hay vergüenza en su proceder, pues no hay vergüenza en su llegada a la institución luego de su paso por cristal.
Dicen que las monedas que le tiraron alguna vez desde la tribuna, acusándolo de mercenario, se las metió al bolsillo. Y aunque no estuvieran en circulación, con ellas pagó a algunos y debió a muchos más.
No se va a ir. A él lo deben de botar primero. Podría dejarnos últimos como a la Selección Nacional de Perú y aún tendría ánimos de quedarse.
Y pensar que nuestros antepasados y sus dichos populares nos engañaron todo este tiempo. Las ratas no son las primeras que abandonan el barco, sino que se quedan hasta el final. Al menos así sucede cuando abunda el queso (verde) y la poquita vergüenza.


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jueves, 21 de julio de 2011

El Padre (Noviembre 2008)

La “U” ha dejado de ser una vocal para pasar a ser algo más indescifrable, algo que no se puede pronunciar con facilidad, algo que no se puede leer sin dejar de cometer el error que se busca evitar.
En la parte final del torneo clausura, la “U” es el cuarto oscuro de la casa donde se prepara más de una sorpresa feliz o decepción a quien decida traspasar su confín.
Cualquier palabra que se quiera decir, habrá de sobrar, como aquella migaja de pan que engorda pero no alimenta bien.
Cualquier análisis que se haga, no servirá de mucho en el futuro, Universitario se ha convertido en una fuerza de la naturaleza, en un fenómeno impredecible que mancha el papel en lugar de que se escriba algo en él.
El cuadro crema puede perder sin atenuantes a mitad de semana y llevarse el sábado una victoria en Matute como si no costara nada

Y no le cuesta nada ponerse adelante, apenas a los seis minutos del primer tiempo. Y le sale natural al “vagón” ser más rápido que su marcador y pasarlo como si esta tarde hubiera decidido ser locomotora y ya no acompañamiento. Y le sale gratis dejarla lejos del arquero y dentro del arco.
Dos condiciones que normalmente no estaban ocurriendo, ocurren en Matute. Ocurren con un tren de costa, de llano, que despacha su carga muy temprano de norte a sur y de sur a norte. Ocurren con un tren puntual que deja su carga en la canastilla y que luego hace de la celebración una fiesta primero con la tribuna y luego con Dios.

Héctor Hurtado parece ser una de aquellas personas que te lo perdonan todo. Que te perdonan cualquier indiscreción o violencia, que te perdonan aún, uno que otro gol. Pero hoy sábado a diferencia de otros días domingo, no perdona el 1-0 y el 2-0, no perdona los errores del rival, esta vez en lugar de ser el cristiano bondadoso es el juez que traduce en su libro lo que ocurre en la cancha y en la tribuna.
La “U” vuelve a Matute, como el padre a su casa luego de una larga jornada, vuelve para sentarse en la mesa y ser alimentado, vuelve para servirse de la despensa y llenarla a su vez con goles.
La “U” conoce esta cancha muy bien y gana en ella cuando quiere, gana desde los años 70 cuando nunca le puso un pero, una coma o un reclamo para venir aquí, gana cuando su gente es la que canta más, gana cuando las puertas se abren tarde para la popular y la fila hacia ella es única, la “U” gana en Matute porque su equipo y su hinchada son mejores y son mejores sobre todo en esta cancha, con comparaciones o sin ellas.

Se espera que ese ser mejores en el muladar, sea ser mejores en el Monumental. La confusión de otros partidos no necesita ser repetida, la “U” recupera su D.N.I y algo más en la cancha, la “U” recupera su identidad en Matute. El equipo de Universitario puede a partir de hoy, decir su nombre sin dudar.
La “U” puede a partir de este momento dirigirse al siguiente partido con la confianza de saber adonde se va, con la confianza de saber que camino a la sierra no te topas con ningún océano de aguas, ni de dudas. La “U” depende ahora de si misma para empezar a significar algo de nuevo, para empezar a resistir el análisis, un segundo partido como el realizado en Matute ayudaría mucho en ello.


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lunes, 4 de julio de 2011

Goleada al Aurich (22 de Octubre del 2008)

Desbordar el pequeño vaso porque se sirve con violencia, desbordarlo porque el líquido con que se cuenta es demasiado ante la comparación que se le presenta al frente.
No es frecuente mojar la mesa y luego el piso cuando se trata sólo de llenar el vaso, de llenar el sólo vaso.
No es frecuente tal dispersión de números, ante la pequeña concentración de esa sola copa que se nos presenta.

¿Habremos sido descuidados o previsores?...descuidados por derramar el precioso líquido ante tan poco rival; descuidados por no saber controlarnos y gastarnos en llenar el recipiente que no podrá ser bebido por aquel rival que carece de sed.
¿Seremos previsores?, porque ninguna noche ha dejado de ser traidora hasta hoy, ninguna noche ha olvidado su oscuridad a pesar de las luces y los flashes que enmarcan los cuatro goles.
¿Seremos previsores?, porque en la medida de uno, llenamos las redes para no ser molestados por la suerte adversa.

Universitario se hace del primer gol a los seis minutos, casi al inicio del partido, casi antes de comenzar el match. “U” no necesita encontrarse bien parado en el terreno, pues el rival espera descuidadamente en el suelo; Universitario no se despeina para marcar los cuatro goles, Aurich no se despeina para impedírselo. Aquí no hay ciclón, aquí nadie se despeina siquiera.
Es así que Universitario se sirve de los errores que hacen el rojo, se sirve de los errores que hacen el presente Aurich. No hay más ciclón, ni siquiera para dar una vuelta al molino. No hay más ciclón que empuje la tierra junto a la semilla. Universitario cava cuatro tumbas para un solo muerto esta noche, le da para escoger cuatro veces su mismo destino.
Universitario se da el lujo esta noche de hacerle trampa a la aritmética más básica, de mandar al frente a un nueve que no es nueve, y que esa mentira tan primitiva pueda marcar dos goles que son tan reales, tan palpables, como que debajo de esta tierra que se pisa, hay una tumba que espera.

Cada cierto tiempo se encuentran en los desiertos de Lambayeque, tumbas nuevas que son viejas, tumbas viejas que fueron nuevas. En la historia de la muerte en el Perú antiguo, hay una tumba cavada desde tiempo inmemorial para este Aurich que parece de otra categoría, hay una tumba sin oro, sin joyas, sin séquito que espera con la misma terquedad de otras para ser llenada, de eso no hay duda; el dilema consiste desde este momento en quien será el que le de la palada final para que se reúna con la arena que hostil con los vivos, no lo es con los muertos.

Faltan pocos días para el partido contra Sport Ancash en Huaraz, días para reponer la fuerza que se uso, el líquido que se derramó; esperemos que el desgaste sufrido en golear a un rival acabado, no se vuelva en nuestra contra, no se convierta en resta o merma este fin de semana.


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"U" en Sullana ( 31 de Agosto del 2008)

No debemos esperar a que la gente se vaya, para empezar a escribir. No debemos esperar a que el balón se detenga, para hacer rodar nuestro propio balón.
No, hay que apurarse, hay que hacer que todo este pueblo reunido y que se empieza a mover, intente distraernos y también concentrarnos. Para eso, debemos limpiarlos de sudor y mojarlos en tinta. Para eso, debemos lograr que nos manchen los dedos y que pinten sobre la hoja.
Debemos apurarnos en escribirlo todo, aún si nos dejamos robar una frase genial en medio del tumulto, aún si perdemos el lapicero y el papel en medio del área. Debemos apurarnos en Sullana, porque es posible que otro gol nos espere en nuestro minuto 98, en nuestro minuto adicional, tal como acaba de producirse en el campeones del 36.

Debemos apurarnos en medio de este fervor, porque la calma no puede introducirse en medio del cañaveral, es el viento el que lo hace. La calma no puede celebrar un gol en medio de esta gente, no puede dar un abrazo y menos dárselo a un desconocido. La calma no puede escribir lo que sucede aquí desde una mesa, pues se debe empezar en la tribuna. Y por eso no debemos permitir que la gente se vaya para empezar a escribir, debemos juntarnos con ella y tal vez también cantar con ella.
Hay que arriesgarse, arriesgarse siempre y no dejar que este horno inmenso se apague, no cuando está dando el mejor pan para todos, el pan que permite una mejor hambre, una mejor hambre para el partido siguiente.

Y tenemos hambre, tanta hambre ante esta pequeña cucharada de azúcar que se nos devuelve al final, ante esta pequeña alegría que pudo ser tan amarga si fueran por las circunstancias que aquejan a los justos casi siempre.
Porque el marcador de 1-0 era injusto y mentiroso, tan injusto que no pudo ser variado en sólo 90 minutos, que no pudo ser reiniciado con un golpe en el televisor o en el tablero de madera.
Tan injusto que no sólo se necesitó el aguante del equipo, sino de toda la tribuna para vencerlos luego de que tiraron la piedra y se fueron a esconder bajo el travesaño.
El marcador de 1-0 era tan injusto que se necesitó la última de las jugadas para decretar el empate, empate que devuelve algo de lo mucho que se entregó en esta cancha.
Fuimos los jornaleros por hoy día, otros en cambio casi fueron capataces. Fuimos los jornaleros que trabajaron todo el día cortando la caña, derrumbando su orgullo, abriendo los claros en esta enorme cancha, que parecía prolongarse por toda la costa peruana, fueron 90 minutos y algo más de entrega, 98 minutos de sacrificio, tal vez de toda una vida de caña cortada para la pequeña cucharada de azúcar que se nos devuelve al final, cucharada que necesitamos limpiar y guardar por ahora, porque se necesita avanzar mucho más en este campo inmenso para devolvernos al lugar que nos merecemos, aquel lugar que al fin y al cabo, también nos merece.



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domingo, 24 de abril de 2011

La conspiración

La semana santa en la “U” es incompleta. Se tiene a Judas en el elenco, pero se olvidan de traer a Jesús para la obra.
El que gane Universitario en la cancha, no es un milagro. El milagro sería que paguen fuera de ella.
Y Jesús patea latas en las afueras del Monumental, come en una carretilla, hace su cola y se dirige a su tribuna de toda la vida. Es hincha de la “U” desde siempre y para siempre.
Cuando nos dice esto, no dudamos de su palabra, porque si hay algún tema que domina el hijo de Dios es sobre saber definir la eternidad. Hace llevaditas y realidades con ella.

El partido empieza y nuestro barbón amigo cierra los ojos mientras la gente se persigna y mira el cielo. Jesús se rasca un poco las orejas y nos confiesa que algunos faltosos lo invocan con malas palabras también. Ríe y dice que son de barrio, de su barrio, aunque aquellos por su juventud todavía no lo sepan. Son buenas personas. Y sobre todo hinchas de la “U”, concluye el galileo.

Universitario de Deportes ataca tanto como se lo permiten sus fuerzas. Y sus fuerzas a pesar de todo lo vivido, son grandes. El partido es veloz, pero con pocas acciones de verdadero peligro.
La “U” parece adueñarse del mediocampo para ceder al rato ante el empuje del equipo sullanense. Y el equipo del norte también no avanza sin antes entregar el balón a Universitario.
El equipo crema decide entonces llegar al área rival con centros tirados mayormente a la banda  del chileno Álvarez. Y el rival responde consiguiendo elaborar un poco mejor sus jugadas, pero no tanto como para exigir de verás al arquero de la “U”.

El gol de Vitti llega tan elaborado como imprevisto. El argentino toca con Fano y aquel le devuelve el balón para que defina con la ayuda del palo.
Jesús baja en avalancha y se topa con los policías que utilizan sus varas para dispersar a los hinchas. El espíritu de la fanaticada crema le permite celebrar el gol en distintos idiomas, pero con un mismo grito. El mismo grito que los policías intentan acallar y no pueden.
Jesús me confiesa entonces en secreto que los romanos ya no son lo que eran antes.

– Estos de verde son como un chancay de a veinte –

¿Y quién soy yo para contradecir al hijo de Dios cuando confunde a la policía con los antiguos matones del nuevo testamento?, ¿y quién soy yo para contradecirlo, cuando gran parte de la afirmación es cierta?

– Sí, son un chancay de a veinte – le contestó.

El partido en la segunda mitad carece de la explosión de la primera parte, y más bien comparte con aquella en la insistencia en el fútbol sin ideas. Debido a la difícil situación que tiene la interna de la “U”, el exigir un mejor juego es pedir un lujo innecesario.
A esto hemos llegado en semana santa. A no pedir mejoría, sino sólo el resultado.

Universitario gana sin complicaciones, sin pedir la hora y sin dar la hora. Gana porque el resultado se lo tienen que confirmar los dirigentes. En la cancha se cumple y afuera hacemos agua por la desidia existente.
La “U” es una conspiración permanente, un cónclave de saduceos y fariseos tratando de llevar agua para su propio molino. Se duda de aquel que habla animadamente con otro, como de aquel que calla y está solo.

– Aquel es el que más conspira – dicen los que creen entender la situación de Universitario.

Los hinchas a diferencia de ellos, apostemos en el equipo, que es un juego seguro. La política del club ha demostrado ser otra vez un juego de azar.
Un juego en el que aquel que se mostraba como el más calificado, no es tal. Dudamos hoy de todo y sobre todo de sus intenciones, que aunque fueran buenas nos pueden llevar otra vez al peligro de la ruina.
Para poner en perspectiva todo, Jesús suelta la última frase lapidaria del día.

“Judas nunca dejó de creer en mí y aún así, me traicionó”  

Debemos confiar en las acciones de las personas, no en la palabra de ellas. Confiemos en el equipo que aún saca buenos resultados y desconfiemos de los dirigentes que no pueden honrar sus deudas.
Exijamos a los dirigentes cumplir con los jugadores e hinchas, que para eso se hicieron cargo del club.
Se hicieron cargo porque convencieron al socio sobre su supuesta calidad en la gerencia empresarial. A estas alturas pareciera más bien que ya no necesitáramos de un  administrador sino de un mesías que pudiera multiplicar el pan y el pescado para poder honrar nuestros compromisos.
No confundamos al presidente con un salvador, porque no lo es y ni siquiera demuestra ser un buen ejecutivo.
No confundamos a aquel con un mesías, porque el Cristo a diferencia del presidente,  no se sentó en el palco de los dirigentes está noche, aquel estuvo en norte con su gente, alentando al campeón como siempre.


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domingo, 17 de abril de 2011

La marcha

Cuando Roma era el centro del imperio (y lo fue durante mucho tiempo), era común de escuchar que todos los caminos conducían a ella.
Si éramos burócratas en desesperada búsqueda de un puesto o nobles desesperadamente rechazando uno, no habríamos tardado en usar las vías hechas por el imperio para dirigirnos a la ciudad eterna.
Comerciantes, mendigos y evangelistas de exóticas religiones llegarían también a la ciudad gracias a su amplia red de caminos.
Pero aquí es necesario recalcar que Roma fue imperio gracias a sus ejércitos de ciudadanos antes que por otros cientos de virtudes. Y los ejércitos de Roma que estaban prohibidos de cruzar el Rubicón para dirigirse a la ciudad, también estaban exigidos de cruzar sus aguas en dirección de la conquista.
Es bueno afirmar entonces, que todos los caminos salían y surgían de Roma desde la antigüedad.

Así como Roma, Cusco era el ombligo de su mundo y desde allí surgían las cuatro regiones o suyos que hacían el imperio Inca.
Tales puntos de encuentro y convergencia son conciertos de voluntades. Lugares donde confluyen pistas, vías, pasos de animales y personas, pero sobre todo, tránsito libre de deseos.
La “U” no concentró en los días previos al clásico y más bien tuvo un punto de encuentro el sábado. Un lugar desde donde todo su ejército reunido tomó la decisión de marchar en busca del enemigo.
La casa de Chemo del Solar fue el sitio escogido adonde irían llegando de a pocos los jugadores de Universitario de Deportes. Allí convergerían los argonautas una vez más.
Estarían Galván y sus ganas, el amor propio de Toñito y la solidaridad de Rainer, la garra de unos cuantos más y las ganas de todos por sacar el resto adelante.

Pocas veces, circunstancias tan adversas y desesperadas fuera de la cancha, han encumbrado el esfuerzo de un grupo. La campaña del apertura 2002 se me viene a la memoria, de allí en más, otros recuerdos son por lo menos difusos.
La rebeldía por la justicia y lo justo, y la lealtad por la camiseta nos demuestran otro ángulo de este grupo, lo complejo que va ser para el rival volverlo a descifrar.
El triunfo (empate) de ayer no se da en el resultado, sino en la lucha de los jugadores que logran sacar esto adelante, a pesar de los dirigentes.
En la cancha no se ve al mejor equipo crema, uno se da cuenta de ello al comienzo y no se piden más explicaciones, es muy claro que el cortocircuito e incendio le pasan la factura desde afuera.
El contrario no peca de tonto e intenta apretar la máquina hasta casi burlar la defensa crema, pero sus intentos no pasan de estrellarse contra la muralla montada por la veteranía de las tropas. Universitario de Deportes resiste el embate y más bien cuando le toca tener la pelota, no juega con la misma prontitud del rival, sino que la calma y la juega de manera lenta. Cualquiera diría que ese fútbol es del que la piensa mucho o del que está pensando mucho, lo segundo sería lo más correcto. Los problemas de afuera (y lo decimos una vez más) influyen en el empate.
Universitario de Deportes centraliza sus esfuerzos con Vitti, pero muy poco es lo que logra el jugador. Demasiado atrás para ser incisivo, se encarga de distribuir el balón de la manera menos comprometida y fácil, la “U” carece de profundidad para lograr siquiera una oportunidad clara. El rival lo intenta más, pero es menos equipo también.
Cuando llega el penal, llega también el premio a un jugador que merecía ser recompensado una última vez en esta cancha.

Universitario de Deportes empata en su peor día del año, iguala ante el rival, pero gana en fortaleza. Todos los caminos del campeonato salen de Roma y hay un ejército que las transita mejor que nadie, a pesar de las grandes dificultades que suponen los dirigentes de cuello y corbata, los que se suben al carro en la victoria y aquellos que niegan los sueldos de la tropa en campaña.
En la antigüedad, los grandes enemigos del ejército romano eran sus propios burócratas. Hace no mucho, los dirigentes del club eran los más sofisticados enemigos de los jugadores cremas, parece que las malas formas han vuelto o tal vez nunca se fueron.
Nada entonces ha cambiado. Roma sigue siendo Roma y la “U” sigue siendo la “U”, a pesar de sus dirigentes y rivales, perdón, mejor dejemos de ser redundantes y cuando nombremos a dirigentes y rivales, digamos enemigos solamente, ya que a estas alturas por lo que aportan, ambos vienen a ser y a dar lo mismo.

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